(a través del prisma de la ciencia)

Alberto Bonnet

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina, a través de su Dirección de Relaciones Institucionales, acaba de poner en marcha un “proyecto federal y multidisciplinario” para sumar su apoyo al festival nacionalista que está teniendo lugar con motivo del 40° aniversario de la Aventura de las Malvinas. Aporte importante el suyo, desde luego, porque sumar al CONICET al festival es nada menos que sumar a LA CIENCIA misma: el proyecto se titula, pues, “Las islas desde el conocimiento. Malvinas a través del prisma de la ciencia”.

Su primera entrega, del 10 de abril, es una suerte de entrevista a la Doctora Pilar Llorens, realizada por Mariela López Codero, intitulada “Las Malvinas son argentinas por derecho propio”.(1) La especialista en derecho internacional repasa en ella los conocidos argumentos esgrimidos por Argentina en defensa de su derecho a la soberanía sobre las Islas Malvinas y aledañas. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. O la niebla. Pero en medio de la entrevista, la Doctora Llorens introduce un nuevo argumento. ¡Un nuevo argumento! Si algo no abunda, en este asunto, son las novedades. Veamos en qué consiste.

Siempre se afirmó que en Malvinas no existían pobladores originarios sino que estuvieron deshabitadas hasta la llegada de los europeos. No obstante, a fines de 2021 se publicó en la prestigiosa revista Science Advances un trabajo que afirma que las islas estuvieron habitadas hace unos 1200 años por yaganes; es decir, por uno de los pueblos originarios del territorio que actualmente constituye la provincia de Tierra del Fuego.

Si bien el trabajo científico está siendo discutido desde el ámbito académico, trajo revuelo en el mundo diplomático ¿Por qué? ¿Cómo afectaría a la disputa sobre el archipiélago si se comprobara la preexistencia de pueblos originarios? Lo que entraría a cuestionarse aquí sería justamente el derecho de libre determinación de los pueblos. ´En general, en Derecho Internacional, se entiende que, siempre y cuando sus Derechos Humanos sean respetados, los pueblos originarios tienen un derecho de libre determinación que no se diferencia del del resto de la población´, asegura Llorens.

´Es decir que, si lo que dice este trabajo se comprueba, podría considerarse que el pueblo preexistente era argentino, porque el pueblo yagán fue incorporado al Estado y son parte de la población argentina. O sea que el derecho de libre determinación aplicaría al pueblo argentino en su conjunto. De todas maneras habría que hacer un estudio más profundo para dar una respuesta más precisa a este tema porque el Derecho internacional tiene muchas aristas, muchos tecnicismos y especificidades que hacen que la resolución de estas cuestiones no sea simple´, agrega la científica”.

Stop. El prisma de la ciencia descompone tantas verdades en estos tres escuetos párrafos que debemos detenernos en las verdades de cada uno por separado. El estudio en cuestión, según entiende la doctora, “afirma que las islas estuvieron habitadas hace unos 1200 años por yaganes; es decir, por uno de los pueblos originarios del territorio que actualmente constituye la provincia de Tierra del Fuego”. Bueno, yo no diría que afirma tanto, porque las cuestiones de soberanía parecen serle indiferentes a sus apátridas autores. Ellos sólo afirman que “la posición de las Islas Malvinas en relación con la Corriente de las Malvinas, rica en nutrientes, podría haber facilitado la accesibilidad de las islas a entrenados pueblos marineros, quienes pueden haber aprovechado la rica biodiversidad de la corriente como recurso alimentario”. Y que “para el año 6400 AP, la mayoría de las comunidade indígenas del Canal Beagle y del Estrecho de Magallanes [los yámanas entre ellos] subsistían principalmente de los recursos marinos”. (2)

¡Y menos mal para ellos! Porque si, además de tener que argumentar que las Malvinas ya estaban pobladas antes del arribo de europeos varios, que sus pobladores eran indígenas continentales migrantes y que posiblemente fueran yámanas de la zona del Canal de Beagle y del Estrecho de Magallanes, también hubieran tenido que argumentar que provenían específicamente de nuestra provincia de Tierra del Fuego y no de la Región de Magallanes de nuestros vecinos chilenos, los autores del paper en cuestión se hubieran visto en dificultades definitivamente insuperables. Porque no olvidemos que la mayor parte del territorio yámana, y seguramente de su población, se encontraba en lo que hoy es territorio chileno. Y esto hay que tomárselo muy en serio (siempre en nombre de la ciencia, claro), porque no vaya a ser cosa que ahora a los chilenos, que ya nos afanaron tres islas, se les ocurra afanarnos también nuestras Malvinas, ningún suelo más querido de la patria en su extensión.

Pero prosigamos. En caso de que la hipótesis principal del paper (sumando ahora la hipótesis secundaria sobre el origen nacional-proto-argentino de los yámanas en cuestión) resultara demostrada, nos informan a coro entrevistadora y entrevistada, esta investigación antropológica pondría en juego nada menos que “el derecho de libre determinación de los pueblos” porque “siempre y cuando sus Derechos Humanos sean respetados, los pueblos originarios tienen un derecho de libre determinación que no se diferencia del del resto de la población”. Este argumento puede parecer oscuro, a primera vista, para el lector de este proyecto del CONICET. Pero aclaremos que sus responsables no se están refiriendo a actuales pobladores yámanas de las Islas Malvinas pues, si los hubo, ya no los hay y aparentemente tampoco los había cuando desembarcaron europeos en las islas por primera vez. ¡Y menos mal! Porque si siguiera habiéndolos y nadie hubiera advertido su oculta presencia, sería más bien un serio problema para nosotros (siempre desde un punto de vista científico, of course), porque vaya uno a saber cómo se auto-determinarían esos hipotéticos indígenas. El punto es que no: el argumento se refiere a los yámanas que sobrevivieron en Argentina.

Y se resume en el siguiente silogismo, de inapelable rigor lógico: (premisa 1) los yámanas son asunto nuestro, es decir, del estado-nación argentino; (premisa 2) hubo yámanas alguna vez en las Islas Malvinas; (conclusión) las Malvinas son asunto nuestro. Y ahora sí podemos salir a marchar por las calles. Veinticinco millones de argentinos (¿qué estoy diciendo?, ¡más de cuarenta y cinco millones somos!) jugaremos el mundial (¿de qué estoy hablando?, quise decir que nos auto-determinaremos) y marcharemos todos juntos, codo a codo con nuestros hermanos yámanas, para reivindicar nuestra soberanía sobre la perdida perla austral (perdón, quise decir las Islas Malvinas, se ve que tanto rigorismo silogístico me agota).

Pero basta de bromas. Y basta porque es vergonzoso plantear siquiera la hipótesis de que un estado nacional edificado sobre el genocidio de los pueblos originarios (como el estado argentino) pueda usar a un puñado de yámanas que lograron sobrevivir (aunque como mestizos que perdieron su rica lengua y en gran medida de su cultura) de excusa para reivindicar su soberanía sobre un territorio que quizás haya sido habitado alguna vez por yámanas. Es cierto que, en este caso, el estado argentino no necesitó manchar demasiado de sangre las manos de su ejército. Las expediciones de balleneros ingleses y estadounidenses prácticamente acabaron (entre 1790 y 1830) con las ballenas y las focas de las que se alimentaban. Y las misiones anglicanas inglesas instaladas desde mediados del siglo XIX generaron (entre 1880 y 1900) varias epidemias que diezmaron al resto de su población. El estado argentino no ejercía soberanía efectiva alguna sobre la zona del Cabo de Hornos durante la mayor parte de ese período (Ushuaia se fundó en 1884), de manera que después pudo desentenderse del asunto, mientras los últimos iban extinguiéndose por su cuenta. Esto hasta el año pasado, justo es reconocerlo, pues el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas acaba de reconocer, en marzo de 2021, a la Comunidad Indígena Yagán Paiakola de Ushuaia… (3)

Y también es vergonzoso sustentar aquella hipótesis en términos del derecho de los pueblos a su auto-determinación. En efecto, tenemos por una parte el reconocimiento de un puñado de descendientes de yámanas como pueblo originario argentino (en debido respeto de sus “Derechos Humanos”, naturalmente), porque sus remotos ancestros quizás nos resulten útiles para que cuarenta y cinco millones de ciudadanos argentinos nos auto-determinemos a propósito de unas islas que no habitamos. Y tenemos, por otra parte, el desconocimiento de cualquier derecho de quienes habitan esas islas desde hace casi dos siglos, algunos de ellos con nueve generaciones tras sus espaldas, porque son una pandilla de “trasplantados”. En resumen: ¡qué vergüenza es LA CIENCIA!

Malvinas: la soberanía del genocida

Mapa de las áreas de estudio en las Islas Malvinas y ubicaciones de recursos importantes en New Island. (A) Posición de las Islas Malvinas en relación con el sur de América del Sur y la Corriente de las Malvinas (recuadro). (B) Mapa de las Islas Malvinas con ubicaciones de núcleos de turba indicadas por estrellas rojas, incluidas New Island, Mount Usborne y Bleaker Island. (C) Mapa de New Island con ubicaciones de recursos clave en relación con la ubicación del núcleo de New Island. (Science Advances)

Notas

El proyecto se encuentra en https://www.conicet.gov.ar/malvinas/ y la entrevista en https://www.conicet.gov.ar/las-malvinas-son-argentinas-por-derecho-propio/.

K. M. Hamley et alii: “Evidence of prehistoric human activity in the Falkland Islands”, en Science Advances 4 (44), 2021, disponible en https://www.science.org/doi/10.1126/sciadv.abh3803.

3. Véase https://www.argentina.gob.ar/noticias/se-inscribio-la-personeria-juridica-de-la-comunidad-yagan-paiakola.


Categorías: Imágenes