Chalecos amarillos: mayo-junio de 1968 y noviembre-diciembre de 2018

Estamos viviendo en Francia un movimiento social de nuevo tipo que está sacudiendo los cimientos del neoliberalismo y de la democracia burguesa: los chalecos amarillos.

Se ha visto como mayo-junio de 1968 empezó por una represión policial impensable de estudiantes y protestantes durante la noche del 10 de mayo de 1968 en el Barrio Latino de París.

Ahora desde el 17 de noviembre, a través de convocatorias colgadas por gente desconocida en Internet, se generalizó la protesta de decenas de miles de usuarios de autos afectados por el aumento del precio del gasoil.

Viven en capitales, ciudades pequeñas y medianas, en zonas rurales y todos deben recorrer diariamente decenas de kilómetros porque los lugares de trabajo están alejados, y las zonas comerciales y los centros médicos; y faltan trenes de cercanías, hay pocas líneas de autobuses. Se van cercenando los hospitales y clínicas, las escuelas, los comercios, en comarcas con poblaciones reducidas.

Y se añadieron los problemas de los salarios mínimos insuficientes, las jubilaciones muy exiguas, la disminución de los subsidios a los minusválidos, los impuestos que van aumentando para toda la población, al contrario del impuesto sobre las grandes fortunas suprimido por el actual presidente, las ayudas estatales a las grandes empresas otorgadas por el mismo presidente.

Y también se cuestiona el aplazamiento de medidas anunciadas por el actual presidente para erradicar la extrema pobreza de los “SDF” (Sin Domicilio Fijo, o sea no sólo los mendigos, sino también algunos asalariados que duermen en su coche); la casi nula política de lucha contra la contaminación, el tema nuclear.

¿Qué clases sociales, capas etarias, géneros? Pues todos empleados y desempleados, pequeños comerciantes y jubilados, ancianos, jóvenes, hombres, mujeres, etcétera.

Lo inimaginable antes del 17 de noviembre de 2018 es el rechazo generalizado de los chalecos amarillos de toda la clase política de derecha, centro e izquierda y de los grupúsculos de activistas de unos y otros.

«¡No nos representan!».»¡Hace 40 años que no sirven!» «¡No queremos representantes que no se puedan controlar!»

Obviamente los chalecos amarillos exigen la dimisión del Presidente de la República, pero van más allá: «¡Se debe reformar la Constitución!»

Muy concretamente, la fuente de inspiración ideológica de los chalecos amarillos es acudir a los cuadernos de propuestas (Cahiers de doléances) de 1789, antes de la caída de la monarquía de los Borbones.

Nadie cita o parece conocer a Marx, a Lenin, a la dirección revolucionaria del Partido Proletario o Bakunin, el 1917 de los soviets, la España anarcosindicalista de 1936.

Un detalle imponente en los sondeos oficiales: el 80% de los franceses aprueba la lucha de los chalecos amarillos; sin embargo la televisión estatal más popularizada los presenta como gente violenta, casi terroristas.

Otro detalle: es gracias a la increíble testarudez e incapacidad de respuesta del Presidente de la República cómo pudo expandirse el movimiento de los chalecos amarillos y sigue creciendo con la participación y apoyo diario de nuevos elementos laborales,  bomberos, camilleros, ferroviarios.

¿Cómo termina todo esto? O se llevan al Presidente al manicomio, o viene otro, pero los chalecos amarillos salieron a la calle para vencer; les pega la policía desde hace dos sábados para el tercero (de esta semana) cualquier tragedia puede ocurrir.

Los chalecos amarillos, si no quieren representantes, presentan 42 reivindicaciones en los ámbitos de la precariedad, jubilaciones, fiscalidad y Banca, transición ecológica, instituciones, empleo y salario, emigración, sanidad y otras áreas.

Elijo algunas:

  • Cancelación del alza de carburantes.
  • Salario mínimo de 1.300 euros (siendo pagadas las cargas sociales) Salario máximo de 15.000 euros.
  • Jubilación mínima 1.200 euros.
  • Retiro a los 60 años y para toda la gente que haya trabajado en oficios en que se desgasta el cuerpo (por ejemplo albañiles o deshuesador de carne) el derecho al retiro a partir de los 55 años.
  • Jubilaciones solidarias, o sea reguladas a nivel nacional. Favorecer el transporte de mercancías por ferrocarriles. Acabar con las indemnizaciones presidenciales vitalicia.
  • Aislamiento térmico de los inmuebles.
  • Incentivar los pequeños comercios en pueblos y centros urbanos Mismo sistema de seguridad social para todos.
  • Mayores ayudas a la Justicia, la Policía, el Ejército Protección para los emigrantes extranjeros.
  • Clases-aulas con un máximo de 25 alumnos/estudiantes desde el parvulario hasta el último año del bachillerato.

Autor: Frank Mintz, 03-12-2018

Fuente: http://www.fondation-besnard.org/spip.php?article3218

 

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