Marginalias para la abolición de la gravedad o de cómo hacer nuestros los días

Sergio Reynaga

Sincronía
Primer movimiento: quebrar los espejos

Una colisión ineludible con la derrota, esto es la esperanza de romper la apariencia que nos impone: la concentración del cosmos en tanto que reducción de la historia al campo histórico capitalista. Y así, la clausura de cualquier posibilidad. Tras el colapso del socialismo real, la comprensión de que la lógica de aquel aluvión habitaba en el corazón de la dominación en su forma-valor, y que el fracaso de toda tentativa de disputar la orientación de las estructuras del mundo administrado es el abrevadero de la bestia. Pero aquel gran derrumbe no fue sino el inicio de la brutal crisis terminal del capitalismo que hoy atravesamos.  

Pero la derrota, no se agota en la densidad temporal de la dominación, aunque la sostiene, este orden supone la concentración de un mundo que orienta y devora todos los procesos sociales. Más aún, se comporta como un corte: la separación entre el tiempo del mundo y el tiempo de la vida. El tiempo del mundo se presume idéntico a las estructuras propias del campo histórico del capitalismo: valor, trabajo, dinero, Estado, mercancía. Las relaciones sociales quedan acotadas a la forma que adquieren en la órbita de dicho orden escindido: raza, clase, genero. Estas son idénticas a la brutalización, escisiones efectivas puesto que actúan: la síntesis entre subjetividad y dominio. Resolvemos de inmediato, que la cartografía planetaria de la dominación es al mismo tiempo todo lo que podemos ser, la lógica del valor se ha vuelto principio de realidad, y toma la apariencia de algo así como la naturaleza, sin embargo, esto es la superficie, de la repetición de los límites político-administrativos elevada a normatividad: distintas formas de relacionarnos con el capitalismo y caer en la trampa de la identidad.

Aparentemente, la aceleración del tiempo es el revés del horizonte tecnócrata, en el costado temporal de la dominación, perola velocidad es más bien reposo. Este presente puro tiene la pretensión de suprimir la vida, para aproximarse a su objetivo primero tiene que reducirla hasta un tiempo sin cualidades, unidades idénticas intercambiables entre sí, esto es el contenido de un tiempo vacío. Un tiempo velociferino: abstracción de la corporalidad, el desacoplamiento entre historia y vida cotidiana. Nos abrazamos al espejo en el fondo del hocico de la bestia, pues nos regresa un informe: la saturación de la vida por sus representaciones. Lo concreto fue producido y al mismo tiempo, presentado como determinación. Una modulación factográfica de las estructuras históricas en tanto que contenido temporal: esto es un tratamiento específico del tiempo, pero no es el tiempo en cuanto tal. Esta racionalización, quiere adherirse a la realidad ideológicamente, se realiza en la sedimentación de un principio de realidad determinado: la forma-social capitalista. La disolución del sujeto en las estructuras históricas: es la esclavitud del presente, o lo que es lo mismo, la reducción del presente a la concatenación transitoria de lo existente, una dimensión en la que solo es posible comprender las contradicciones una vez los acontecimientos adquieren bordes definitivos, una vez se cierran para siempre.

Esta totalidad, contradictoria y fragmentaria es la forma real que adquieren las abstracciones: las funciones efectivas de la forma-valor. Para totalizarse, es necesario reducir las cualidades de la vida a una gelatina de objetivaciones temporales e intercambiables de lo abstracto. Aquí ya no hay historia: solo administración. En este proceso se realiza la sincronización entre vida mercancía, un tiempo que se desdobla en tanto que sistema de control totalitario sobre la vida. Una estrecha coordinación de todos los aspectos de la sociedad, que no puede ser simplemente descrito en el tiempo idéntico al trabajo. Dicha uniformidad alcanza el grado de naturaleza, pero solamente es la sincronía de vida y capitalismo. En cierto modo, esto es el contenido de un concepto de historia idéntico a los procesos de totalización de las estructuras político-administrativas, pero estas últimas solo son el costado instituyente de la síntesis social. En esta constante incorporación, el dominio de la corporalidad de la vida cotidiana se realiza al mismo tiempo que la dominación del mundo: esto es el lado concreto de la abstracción. La repetición: sincronización con el curso del campo histórico capitalista hasta la mistificación del mundo de las cosas. Otra vez: la cartografía de la dominación se nos presenta como todo lo que podemos ser. Pero la periferia es el núcleo de objetivación del centro. Forma sujeto funcional e identidad subalterna, se resuelven en la síntesis social capitalista, porque le son propias.

Contrapunto
Segundo movimiento: Abolir la gravedad, hacer nuestros los días

Es el gélido umbral histórico descrito anteriormente, en el que nuestras tentativas de abolir todas las relaciones existentes, deben dotarse de fuego. Y decir fuego es pensar la comuna más allá de la forma sujeto funcional, la identidad subalterna y la forma valor, ya que esto es la gravitación misma de la dominación.

La irrupción espacio-temporal: sustraer el presente del tiempo ordinario, hacer nuestros los días es abolir la gravedad. Dos cuerpos celestes constelan la radicalidad de la meteórica furia que atraviesa el cielo en calma. La lucha kurda y las comunidades Zapatistas. Podría decirse que lo que perseguimos es algo así: un contrapunto radicalmente opuesto a lo existente. Un salto al vacío.  Esto es una prefiguración, la sostenemos de la colisión con las proyecciones fetichistas de la síntesis social. Negar aquello que nos niega. La temporalidad de la revuelta quiere ser la comuna. Comprender entonces, que la derrota no es la cancelación absoluta de la síntesis entre meteoro y furia, sino el reconocimiento de la potencia que empuja la crítica hasta su realización. Suprimir las contradicciones que producen a la forma sujeto-funcional en tanto que relación y representación de las contradicciones en las que encuentra su razón de ser.

La comuna también es el momento para el desacoplamiento de la síntesis entre subjetividad y dominio. Pensar los conceptos como imágenes dialécticas, Revolución y rebelión. A la vez, operativos temporales. La revolución, aunque con capacidad crítica del campo histórico capitalista, diluye la furia en su trayectoria histórica tradicional: la integración de la subalternidad: es la realización de un momento de apertura y concentración del mundo administrado: alcanzar la condición de sujeto abstracto: la mistificación de los momentos de subsunción democrática. Pero esta integración es la cosificación embrutecida: se integran a la identidad, pero no se persigue la abolición un tipo de relación social brutalizante en la que se produce, sino hipostasiar la identidad en cuanto tal en el derecho.  Mientras la rebelión no se comprenda como la capacidad de abolir la síntesis entre subjetividad y dominio, nuestra aproximación será débil, incapaz de comprender la furia más allá del culto a sus momentos liricos con independencia de su contenido. Queremos una poesía a la altura de la rebelión.

Pero esta poesía no debe resolverse en el realismo cosista, su desenlace no está atado al pensamiento positivo. Es la supresión de la dicotomía entre teoría y práctica: en la pretensión de un mundo escindido un tipo de conocimiento dicotómico anuncia la dominación. Desmantelar el pensamiento representacional.  La comuna más allá de los momentos identitarios, esto es suprimir la dominación quiere ser la afirmación radical de la vida, la colisión en contra de la guerra total. Dotar de cuerpo, sangre y pulso a la vida cotidiana, esto es dotar de cualidad y contenido a la cópula entre comuna y temporalidad: hacer nuestros los días. Si se acepta el mundo tal y como se nos presenta, la desolación del pensamiento sería a la larga la supresión del mismo.

Abolir la gravedad: un breve momento de plena posesión de toda su potencia histórica: cuestionar la concentración del mundo administrado. La abolición de la dominación es la abolición de la pretendida naturaleza transhistórica de las categorías capitalistas. Más allá de la mistificación de la democracia y la integración de las contradicciones. La comuna será el límite absoluto de la dominación: quiere hacer estallar por los aires el campo histórico capitalista.

En el campo histórico capitalista, el pasado flota boca abajo: es una alteridad definitiva, en este sentido se oculta la relación social que esto sostiene, y en gran medida su condición de unidad de conocimiento. En la separación entre tiempo histórico y cotidiano, habita la condición positiva que alimenta y potencia la aniquilación: el abrevadero de la bestia. En este orden, se produce la subalternidad como brutalización, la vida reducida a las estructuras históricas de repetición como negación y administración del acontecimiento: la comuna como irrupción espacio-temporal es un contrapunto. Cuestionar el campo histórico del capitalismo, no puede limitarse a la elaboración de una prótesis marginal de la historia que devora todas las historias, es decir, no es la integración identitaria de la periferia, puesto que de ese modo el corazón de la bestia permanece intacto.

Acotar el tiempo, modularlo, ordenarlo y orientarlo es una de las formas en las que la lógica del valor se realiza, en tanto que principio de realidad. Por esa razón tan simple como brutal, la forma positiva de las escisiones identitarias se nos aparece elevada a inmediatez moral y jurídica, una vez hemos perdido de vista toda la negatividad que las sostiene. Estas relaciones sociales totalizadas en la abstracción, se sostienen de la escisión entre el tiempo del mundo y el tiempo de la vida.

El tiempo vacío es la síntesis fetichista de las formas en las que se experimenta el acoplamiento entre experiencia y expectativa: la derrota como clausura absoluta y la prolongación de lo existente. El embrutecimiento y la orfandad signan la fase terminal del capitalismo. Abolir la gravedad, hacer nuestros los días: la poesía y la imaginación como potencia para la furia como lugar de conocimiento. La lucha kurda y el zapatismo colisionan con los momentos concentración, totalización y síntesis del capitalismo: la comprensión de la derrota como potencia crítica.

Si la apariencia de síntesis entre subjetividad y dominio, supone la realización de la forma-social capitalista, su desacoplamiento, puede ser comprendida como la realización de la rebelión en la carne. Sostenida en torno a la relación y crítica con la experiencia de la negación histórica del capitalismo a través de diversos órdenes temporales. La afirmación radical de la corporalidad de la vida cotidiana. La supresión de la oposición de teoría y práctica en torno a la relación entre pensamiento y acontecimiento, el conflicto como condición vital para la defensa de la vida y la belleza: desalambrar la vida del dominio de la densidad temporal.

Abolir la gravedad, hacer nuestros los días.

Imagen: Oscar Kokoschka – La novia del viento