Rafael Sandoval Álvarez

Nos enfrentamos ante el reto de pensar ya no desde conceptos abstractos, de modas conceptuales o discursos que extrapolan desde contextos lingüistas que solo resultan deformaciones ideologizadas nada más para aparentar innovaciones; lo pertinente ahora es como configurar un pensamiento político estratégico que exprese una forma de combatir en la perspectiva de destruir el capitalismo y no solo como un deseo sino a través de la práctica política, lo cual ya se hace en muchos territorios del planeta. Pensar no desde la perspectiva del sujeto contra el que luchamos, el sujeto que crea toda clase de formas de dominio y explotación, de guerra capitalista, sino desde la perspectiva del sujeto autónomo en potencia que crea desde la cotidianidad la resistencia anticapitalista.

La necesidad de un pensamiento político concreto estratégico es indispensable para enfrentar los retos de la lucha contra la guerra capitalista, pensamiento del que carecemos, al menos en la gran mayoría de los movimientos de resistencia anticapitalista, sobre todo en circunstancias en que hemos sido superados por la brutal represión y opresión como por los propios errores. El debate que esto exige tiene diferentes posibilidades de abordarse, según desde donde se hace y en qué condiciones de confrontación. El colectivo de la revista Critica Anticapitalista se ha planteado dar el debate en esta entrega a propósito de la disyuntiva de tomar el poder del Estado o retomar la perspectiva de la comuna contra y más allá del Estado.

El reto, si no queremos caer en repetir teorías heredadas y conceptos abstractos, exige problematizar respecto de la realidad que vivimos y reconocer que el pensamiento anticapitalista se va dando en el devenir de la lucha misma, en la confrontación y creación de formas de relaciones sociales no capitalistas. Por tanto, hacer autoreflexividad critica de nuestra práctica, es indispensable para un hacer-pensante crítico y radical que apunte a deshacer la existencia del trabajo, la jerarquía y la heteronomía, entre otras significaciones imaginarias sociales que se han convertido en instituciones que contribuimos a reproducir.  

Cuando se afirma que “la idea de la comuna contra y más allá del Estado está en el centro del movimiento zapatista y del movimiento kurdo, también en el centro de la tradición anticapitalista desde la comuna de Paris (y que) podemos pensar en Argentina 2001/2002, Oaxaca 2006, los anarquistas españoles en los años treinta y muchos ejemplos más”[1], considero que se está haciendo uso de la idea de comuna en abstracto.

En lo que se refiere a Paris de 1871, la forma comuna es de por sí el tipo de demarcaciones territoriales de Francia (en otras partes del mundo tienen lo de municipios, alcaldías, etc.,) que fue el espacio comunitario de organización de las asambleas realizadas en toda la ciudad. En el caso de Argentina 2001, las asambleas en los barrios y en todo tipo de espacios en que se desplegó la lucha, así como piquetes y cortes de carreteras, la autoorganización para mantener activas las fábricas, implicó una forma de hacer política autogestiva; lo mismo en México 2006, las asambleas y las más de tres mil barricadas que se mantuvieron por más de seis meses en la ciudad de Oaxaca y en cientos de municipios, fueron formas de desplegar organización cotidiana de comunidad de resistencia con la práctica de la autonomía experimentada en sus asambleas, consejos municipales y barriales. Al respecto dijo Castoriadis: “Cada vez que en la historia moderna una colectividad política ha entrado en un proceso de auto-constitución y de auto-actividad radicales, la democracia directa ha sido redescubierta o reinventada: consejos comunales (town meetings) durante la revolución norteamericana, secciones durante la Revolución Francesa, Comuna de Paris, consejos obreros o soviets en su forma inicial”[2].Respecto de España en la revolución social de los años treinta del siglo XX, fue uno de los mayores despliegues de la práctica política del anarquismo que dejó para la historia lo que representa esas formas de hacer política, en un horizonte histórico-político del comunismo anárquico, la perspectiva del comunizar que desde el siglo XIX reivindicaron en cuanto política organizativa como municipalismo libertario, pero que en el caso de España 1936 lo que promovieron fue las colectividades, práctica política que apuntaba en la perspectiva de ir más allá de la racionalidad de la revolución entendida como la toma del poder a través de la forma partido y la forma Estado.

Ahora bien, el problema de deshacernos de la idea de que revolución implica tomar el poder del Estado no significa que debamos abandonar la idea de que la población proletaria en tanto sujeto revolucionario deba tomar el poder de hacer en y de la sociedad, para decirlo de manera general. Sería inimaginable que aun creyéramos que destruir el capitalismo podría ser de otro modo. Con todo, tenemos que seguir problematizando esto con respecto a las formas de lucha y organización, así como las implicaciones de pensar a partir de abstracciones conceptuales que nada tienen que ver con el sentido de la lucha y la política organizativa concreta que los propios sujetos despliegan.

En este sentido, preguntarnos sobre el significado de la idea de comuna, como despliegue de la organización para la lucha anticapitalista tanto en el sentido territorial como en el sentido de la actividad, cuidando que no se confunda con la idea abstracta de lo comunal. sabemos que en algunos pueblos indígenas de México utilizan esta palabra para referirse a la propiedad de la tierra comunal, pero que otros pueblos consideran que la tierra no debe tener ninguna connotación de propiedad. Es más común el concepto de comunidad, incluso con derivaciones como el de comunidad de consenso, comunidad de resistencia, comunidad de aprendizaje, etc., que han utilizado coyunturalmente para enunciar sus formas de hacer política, pero que tampoco pueden ser considerados como conceptos que llegaron para quedarse como condicionantes de un pensamiento político estratégico definitivo.

Por eso no debemos pretender pues que un concepto pueda abarcar lo que en cada caso la experiencia concreta y la prácticas política despliega sus formas de hacer-pensante especificas: consejo, soviet, comuna, colectividades, etc. Por ejemplo, no veo ninguna necesidad de comprometer la idea de comuna con el común que plantean los zapatistas y menos aún encontrar similitudes entre la idea de lo común que han planteado algunas colectivas y teóricos posmodernos a los que les viene bien para promover políticas identitarias. En cada caso hay una historia. El común zapatista emana de su práctica política y organizativa, como ellos dicen, de la metateoría que es su práctica; en este sentido, es mejor entender como están articulando su práctica política entre el común y la autonomía que experimentan en la cotidianidad de su vida.

En el caso de quienes estamos colocados en territorios urbanos, algunos hemos considerado la pertinencia de un pensamiento político en una perspectiva de la lucha de clases, entendida como la clase en lucha, según como lo ha planteado Tichler: la lucha de clases no tiene como horizonte el cambio del dominio de una clase por otra, sino el fin de la dominación y de la clase como forma de existencia del poder; es decir, la perspectiva de la necesidad de destruir la relación social que reproduce la existencia de clases sociales, la relaciones entre dirigentes y ejecutantes; eludiendo las políticas identitarias que son fácilmente asimiladas por la dominación capitalista que lo que le importa es que no se toque la existencia del trabajo, el valor, la jerarquía burocrática, la reproducción de las formas de relaciones heterónomas; es decir, la relación social entre dirigentes y ejecutantes, la forma Estado, la forma partido.

Más aún, pensar desde la perspectiva anticapitalista, implica pensar en la abolición del trabajo, reivindicando el flujo social del hacer-pensante como creación humana; implica también dejar de reproducir los procesos de socialización que aseguran la relación social capitalista, la cual llevan a cabo las diferentes instituciones de dicho sistema (Estado, religión, familia patriarcal, educación, etc.) y que sabemos que se trata de un proceso de larga duración en el tiempo histórico, pero que no debemos de ignorar en el tiempo presente las iniciativas político-organizativas y de creación de relaciones sociales no capitalistas.

Abordar el problema de ir contra y más allá del Estado, me lleva a reconocer el devenir de una subjetividad emergente en la perspectiva de la autonomía como proyecto, de la resistencia anticapitalista en contexto de guerra, y en el caso mexicano de  considerar las estrategias de contrainsurgencia que opera un gobierno progresista, que se autodenomina de izquierda liberal humanista, el cual ha logrado lo que ningún gobierno neoliberal en los últimos cuarenta años, concretar el plan capitalista para actualizar la circulación de mercancías para una mayor acumulación de capital, ahora concretado con la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras, con el Tren transístmico del corredor entre el océano atlántico y el pacífico, en el Istmo de Tehuantepec y el Tren Maya[3].

Para esto, es necesario reconocer que transitamos por un periodo de crisis en la lucha contra el sujeto capitalista en el contexto de México, un impase que se abrió en 2006, luego que se detuvo la iniciativa política que se expresó en La Otra Campaña, convocada en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, y con la represión sanguinaria del Estado por la lucha de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO. Misma coyuntura política en que se manifestó también una crisis aguda para el régimen político neoliberal con el movimiento impulsado por la insurrección civil contra los fraudes electorales de 2006 y 2012, logrando en el 2018 tomar el control del sistema de gobierno por quienes habían iniciado un cambio de régimen político, que resultó de la ruptura del PRI en1988 y que logró convocar a casi todas las organizaciones de izquierda.

En este contexto, en agosto de 2024, los zapatistas informan que desde 2023 iniciaron un proceso de autodisolución de las formas de organización que habían estado experimentando y dan un paso hacia otra forma de hacerlo, de municipios autónomos a Grupos Autónomos Locales. En otro lugar del planeta, el movimiento de liberación kurdo da cuenta de cómo hacen en Rojava su organización y experimentan la autonomía en la vida cotidiana; al mismo tiempo, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), anuncia en febrero de 2025, en voz de su principal dirigente Abdullah Öcalan, que el PKK se disuelve y depone las armas. Pero de lo que está pasando en barrios y comunidades, de cientos de ciudades en todo el mundo, se sabe casi nada, lo mismo de lo que ha estado ocurriendo con los trabajadores de las industrias de los países de Asia.

Considerando lo anterior, resulta pertinente debatir sobre la situación que existe hoy con el capitalismo y su guerra de destrucción total contra la humanidad a partir de algunas de las cuestiones específicas que plantean los zapatistas: 1) la crítica a la “nueva” clase política dominante; 2) el proceso de transformación experimentando la autonomía que como proyecto iniciaron hace treinta años; 3) el proceso de socialización que desde sus iniciativas cotidianas están configurando, más allá de lo instituido por la relación social capitalista; 4) el combate a la política identitaria que se expresa como “nuevas” políticas de la diversidad y multiculturalismo; y cómo se expresa una política identitaria con base en una postura política socialdemócrata simulada a través de igualdad, tolerancia, inclusión, diversidad, etc.

Se pone por delante la perspectiva de la lucha por la autonomía como proyecto, ensayar caminos que pueden parecer contradictorios y ambivalentes, pero que apuntan a un proceso social de ruptura con lo instituido. Particularmente significativo y trascendente es el modo en que los zapatistas han atendido las implicaciones que trae consigo desmantelar el proceso de socialización a través del cual se mantiene la relación social capitalista, para configurar otro tipo de instituciones (salud, educación, gobierno autónomo, etc.) mediante las cuales instituyen otro imaginario social, lo que pone en juego dejar de reproducir la subjetividad capitalista, tanto la dimensión histórico-social como en su dimensión psíquica de sujetos. Es decir, se despliegan otras significaciones imaginarias sociales que procuran un proceso de socialización a través de relaciones sociales por y desde la autonomía, con iniciativas político-organizativas que hagan comunidad de resistencia anticapitalista creando nuevos procesos de educación, de salud, de alimentación, de relación de no propiedad con la tierra, de gobierno autónomo, a pesar de la guerra capitalista.

No perder de vista que esto que hacen los zapatistas se da para enfrentar también las estrategias de dominación capitalistas que en el caso de México, ha sido evidente que ha logrado que millones de personas han pasado a tener confianza y afinidad política con la “nueva” clase burocrática que se reivindica como de izquierda liberal humanista, la cual ha estado recreando y reconstruyendo el aparato estatal, incorporando a tecnócratas con mejor formación técnica y administrativa, a quienes habían sido parte de Organizaciones No Gubernamentales y “dirigentes” de organizaciones sociales, que ahora son quienes “modernizan” el corporativismo jerárquico en los sindicatos, en las organizaciones campesinas e indígenas; de cómo han estado renovando los establecimientos de la Institución-Estado, dándole de nuevo la administración de las industrias que habían privatizado por la vía de los hechos durante los últimos cuarenta años: educación, salud, vivienda, cultura.

Entender que su “renovación” institucional no significa que cambie en lo más mínimo la racionalidad instrumental capitalista en los procesos de producción y acumulación de capital; por eso sigue funcionando las diferentes modalidades de economía en las que el Estado solo debe intervenir para garantizar el libre mercado y sus propias leyes de competencia, en la que destaca cómo favorece la existencia de ejércitos mercenarios que se encargan de que funcionen todas las empresas de la economía “ilegal” capitalista: tráfico de drogas, tráfico de personas y migrantes, tráfico de armas; que no es más que la reproducción de la acumulación originaria que el capitalismo ha desplegado desde siempre. El despliegue de la guerra capitalista genocida está en todo el planeta, sus manifestaciones más evidentes se aprecian contra los pueblos palestino, kurdo, Sudan, el Congo, Haití, entre otros; las invasiones de los imperios más poderosos militarmente a territorios de países donde hay “recursos” naturales (el ultimo ha sido Venezuela) para explotar en todo el planeta cada vez es más generalizado; pero la guerra contra todos los pueblos del mundo se concreta a diario.

Se trata pues de un contexto en el que estamos obligados a recrear un pensamiento político estratégico, una práctica política, de organización y resistencia con rebeldía, en la lucha cotidiana, de modo que se potencialice lo que ya se está dando en miles de comunidades por todo el mundo, dándoles una perspectiva de lucha de clase, hacia la autonomía como proyecto. Hacer un esfuerzo por conocer las experiencias de lucha y resistencia anticapitalista que se despliegan por todo el planeta resulta una tarea necesaria en la perspectiva de reconocernos e intentar crear lazos de solidaridad y apoyo mutuo.

En este sentido, entiendo la necesidad de conocer la forma de hacer política organizativa anticapitalista que se ha estado dando por todo el planeta. La forma comuna ha sido ejemplar al respecto de una perspectiva revolucionaria. Al respecto, considero oportuno compartir con quienes desconocen lo que fue la experiencia de la comuna de parís de Francia en 1871. Las características que Marx destaca en su texto La guerra civil en Francia son:

  1. El primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado…la policía fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración…Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de la fuerza física del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el «poder de los curas», decretando la separación de la Iglesia y el Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras… La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera.
  2. La Comuna habría de ser la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña del país y que en los distritos rurales el ejército permanente habría de ser reemplazado por una milicia popular, con un período de servicio extraordinariamente corto. Las comunas rurales de cada distrito administrarían sus asuntos colectivos por medio de una asamblea de delegados en la capital del distrito correspondiente y estas asambleas, a su vez, enviarían diputados a la Asamblea Nacional de Delegados de París, entendiéndose que todos los delegados serían revocables en todo momento y se hallarían obligados por el mandat impératif [instrucciones formales] de sus electores. No se trataba de destruir la unidad de la nación sino, por el contrario, de organizarla mediante un régimen de comunas, convirtiéndola en una realidad al destruir el poder del Estado.
  3. El sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, esta nueva Comuna, que quiebra el poder estatal moderno…La sola existencia de la Comuna implicaba, evidentemente, la autonomía municipal, pero ya no como contrapeso a un poder estatal que ahora era superfluo.
  4. La Comuna era una forma política perfectamente flexible, a diferencia de las formas anteriores de gobierno que habían sido todas fundamentalmente represivas. He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo… Por tanto, la Comuna había de servir de palanca para extirpar los cimientos económicos sobre los que descansa la existencia de las clases y, por consiguiente, la dominación de clase, emancipando el trabajo de cada hombre.
  5. La clase obrera no esperaba de la Comuna ningún milagro. Los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantar par decret du peuple [por decreto del pueblo]. Saben que, para conseguir su propia emancipación, y con ella esa forma superior de vida hacia la que tiende irresistiblemente la sociedad actual por su propio desarrollo económico, tendrán que pasar por largas luchas, por toda una serie de procesos históricos, que transformarán las circunstancias y los hombres. Ellos no tienen que realizar ningún ideal, sino simplemente liberar los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno. Plenamente consciente de su misión histórica y heroicamente resuelta a obrar con arreglo a ella, la clase obrera puede mofarse de las burdas inventivas de los lacayos de la pluma y de la protección profesoral de los doctrinarios burgueses bien intencionados, que vierten sus perogrulladas de ignorantes y sus sectarias fantasías con un tono sibilino de infalibilidad científica.

Habrá que compartirnos otras experiencias políticas en que la forma comuna ha sido un referente político-organizativo. Una tarea, entre otras, para dejar de estar fragmentados.


Notas:

[1] Ver “la polis griega y la creación de la democracia” en Castoriadis Escritos políticos Ed. Los libros de la Catarata. Madrid. 2005.
[2] Convocatoria en octubre de 2025 para el No. 5 de la revista Critica Anticapitalista.
[3] El Congreso Nacional Indígena y el EZLN dan cuenta de esto con mayor detalle en su convocatoria a los treinta años de su fundación. https://www.congresonacionalindigena.org/2025/10/12/convocatoria-a-las-jornadas-permanentes-rumbo-a-los-30-anos-de-la-fundacion-del-congreso-nacional-indigena-frente-a-la-guerra-capitalista-en-contra-de-la-humanidad-y-los-pueblos-originarios-fortalezc/