Observaciones de un latinoamericano desde la Costa Este de Estados Unidos

Andrés Rodríguez

La realidad en Estados Unidos está siendo rebasada día con día, paso a paso. No hablo del Estados Unidos de Donald Trump, JD Vance o Kristi Noem, sino de quienes desde pequeñas ciudades rurales, parroquias y redes de activistas enfrentan sus políticas. Hoy lo impensable, pasa. La muerte de Renée Nicole Good y de Alex Jeffrey en Minneapolis, como de otros casos menos difundidos*, mostró a millones de estadounidenses que la violencia bruta, armada, sin castigo alguno, justificada por los gobernantes, ya no es cosa de algún país lejano, recién invadido, ni contra comunidades negras o indocumentados. Las armas apuntan al ciudadano cada vez más seguido.

Escribo esto con el corazón golpeado al ver cómo personas en organizaciones similares con las que he convivido en los últimos meses están siendo golpeadas en grupo en Minneapolis, dejadas ciegas o incluso baleadas por quienes dicen ser agentes migratorios. Mi anonimato habla en sí de cómo percibo el peligro en este momento en Estados Unidos en el contexto de los asesinatos en Minneapolis, el bombardeo de Caracas y los deseos de invadir Groenlandia de su mandatario. Todo esto viene en paralelo a los bombardeos no esclarecidos contra pescadores en Venezuela o de hombres como Keith Porter baleados en las calles de California.

En este escrito quiero hablar de los cambios que he visto en la política de base, desde las iglesias, organizaciones comunitarias, universidades en una pequeña ciudad de la costa este de Estados Unidos. Algunas ciudades – santuario, de voto demócrata, opuestas a Trump – parecen ser el inicio o al menos campo experimental del ejército de choque, casi partidista, en el cual se está convirtiendo ICE bajo el segundo mandato de Trump. Hablo de cómo un grupo sumamente diverso de enfermeras, organizadores de base, estudiantes latinos de primera generación, políticos de comunidades negras y nuevos grupos politizados están iniciando la resistencia contra los planes del régimen encabezado por Donald Trump.

1. La tarjeta de emergencia

y los talleres de “conoce tus derechos, migrante”

Recuerdo cómo a inicios de 2025 grupos de base en las iglesias católicas del área imprimieron tarjetitas color rojo, emplasticadas, con los derechos constitucionales para los migrantes en Estados Unidos. También lo hicieron grupos otras iglesias y grupos laicos. Se esperaba que los agentes federales de migración llevaran una orden de aprehensión firmada por un juez para capturar o para entrar a la casa de alguna persona sin papeles. Los grupos de ciudadanos estadounidenses – de quienes hablaré en un momento – hicieron talleres para que los migrantes conocieran sus derechos en caso de detención. En ocasiones, después de misa, estos grupos llevaban abogados para dar recomendaciones legales en caso atraparan a algún miembro de la familia. Así, por ejemplo, los padres y madres hacían cartas de poder para solicitar a alguien más que se hiciera cargo de sus hijos. Vi a familias salvadoreñas, mexicanas, sentadas alrededor del abogado, firmando papeles. Hacia mediados de 2025 hubo otro taller donde se aconsejaba qué hacer si ICE se llevaba a un miembro de la familia. Ya con esto se preparaban el apoyo para los migrantes desde iglesias locales, redes de abogados pro-migrantes, colectas económicas para las familias afectadas. Pronto, cómo una soda que rebalsa un vaso, la situación empeoró.

2. La organización de base:

enfermeras ancianas, estudiantes de secundaria, hijas latinx

La espuma, a lo mejor, somos nosotros. Para quienes tenemos nuestro ombligo en un país latinoamericano no es fácil salirnos de la idea general, homogénea, de los estadounidenses. Por algo les llamamos gringos, green go, “váyanse los verdes, los militares, los invasores”. Durante los años en que he vivido aquí me he confrontado con mi propia idea del estadounidense a través de lo que vivo, veo, atestiguo y con quienes participo. Concretamente, quiero hablar de los grupos que desde el inicio abogaron por los migrantes desde las iglesias cristianas – católicas, presbiteranas, bautistas –, de asociaciones negras, demócratas, organizadores de base a nivel de condado y de estado.

Los grupos organizadores suelen ser hombres y mujeres blancas, rubios, negros, la mayoría mayores de cuarenta años, enfermeras retiradas, por ejemplo. En sus reuniones convocaban a comunidades eclesiales, de vecinos y preparaban un sofisticado sistema de traducción – “justicia lingüística”, le llamaban los intérpretes. A pesar de esto, la mayoría en las reuniones eran ciudadanos blancos con tres o cuatro latinos en distintos estatus migratorios. Poco a poco se fueron acercando jovencitos. Viene a mí la imagen de un chico blanco, de pelo largo, tímido, que se acercó a mí para colaborar en unos talleres para los migrantes. Quería conocer qué pasaba, condujo sólo en carro a la iglesia, hablaba un poco español, escuchó el testimonio de un mexicano – trabajador, albañil – que lo había agarrado ICE hacía dos meses. El jovencito iba a aprender, se sentó y escuchó en silencio. Inusualmente para el momento, provenía de una escuela secundaria.

Otro espacio de lucha y consciencia han sido, por supuesto, las universidades. Los grupos estudiantiles que habían luchado por Palestina en 2024 se integraron en algunas actividades a los grupos de estudiantes llamados latinx, hijos de migrantes mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños, ya con la ciudadanía estadounidense. En una de sus reuniones, una jovencita latinx dijo: “toda mi vida he ayudado a mis padres traduciendo del inglés al español, ahora me toca ser su voz ya que ellos no pueden protestar por ser indocumentados”. Tengo presente cómo esta frase resonó en mí, la sentí tan sincera y real. Cierto es: para los migrantes indocumentados la lucha ha sido la clandestinidad, el pasar desapercibido y, para muchos, el salir corriendo, avisarse por los teléfonos o, por ejemplo, llevar la vida con los hijos una vez el padre es detenido. La espiritualidad en red – los rosarios y grupos carismáticos, por ejemplo – han sido centrales según he visto.

3. Iniciativas políticas:

fracaso y rebasamiento del Partido Demócrata

La heterogeneidad política de estos grupos no sólo es distinta sino incluso contradictoria. Tan fuerte es la diferencia del idioma y la cultura como de la clase que los sitúa en espacios de la sociedad tan distintos como enfermera anciana, blanca, en un hospital y un albañil de cuarenta años, moreno, en su pick up. Dicha separación tan grande entre personas abogando contra ICE se veía en las reuniones de coordinación y talleres. En algunas ocasiones un periodista de un medio alternativo solicitó apoyo de la red de bases y, la coordinadora, nos convocó junto a familias salvadoreñas que habían sufrido la cárcel de un familiar. Las mujeres, nos relataban, se encargaban de cuidar a sus hijos, no contarles que su papá estaba detenido por la migra, aunque esto sólo fuera posible para los chiquitos y no para los adolescentes ya conscientes de lo sucedido.

Una mujer de origen hondureño dijo:

“Les decía que tienen que ir a clases, seguir estudiando, a ellos les costaba. En una ocasión iba manejando con mi hijo pequeño y vio que los de ICE estaban capturando a un hombre a un costado de la calle. Mi hijo gritó: ‘¡mi papá!’, pero no, no era su papá, pero yo lloré, pobre hombre, pobre mi hijo.”

Por otro lado, las reuniones de los ciudadanos estadounidenses. Para ellos también ha sido un choque ver el cambio drástico entre sus idearios de democracia representativa, liberal, como dicen acá. Iniciaron con las tarjetitas de derechos en caso de detención por ICE, luego los talleres de derechos de los migrantes, la asesoría de los abogados. En ocasiones me parecía – con el debido respeto – inocentes algunas de sus iniciativas, por ejemplo, una hoja que propondrían a los representantes del condado para decirles que la ciudad no les denegaría ningún derecho a los migrantes. Después de muchas reuniones y cambios en el mensaje, las autoridades del condado no quisieron firmar este apoyo oficial. El temor a contradecir al régimen ha sido una tendencia en condados y universidades, por ejemplo, éstas últimas borrando en silencio su vocabulario relacionado con la inclusión y diversidad en sus páginas de internet institucionales.

Si bien estas iniciativas aún se canalizaban en 2025 a través de los políticos locales, en otras ya se prefiguraban pequeñas acciones de incidencia concreta, en las calles.

4. Origen de los observadores en donde vivo

En una de las reuniones del grupo se habló del apoyo a los migrantes a través de diversas tareas. Se llamó a acompañar en los juzgados a personas que tenían una cita migratoria para que no fueran presa de los agentes de ICE. Viene a mi mente un hombre de mayor edad, blanco, de barba, quien nos compartió cómo se hacía presente en el juzgado de su condado para ver si agentes de ICE cometían algún abuso o intentaban llevarse a algún migrante.

Una de las organizadoras de los grupos de base solicitó voluntarios para conducir en carro y confirmar si era cierto que ICE estaba estacionado enfrente de Home Depot –donde muchos indocumentados buscan trabajo– o si se encontraba a un lado de la carretera en tal lugar. Así lo hacían y la coordinadora mandaba mensajes de prevención. Los grupos de iglesias, con feligresía latina, también se comunicaban por aplicaciones telefónicas. Recuerdo que en una ocasión se tuvo que suspender la catequesis de los niños pues había rumores de que ICE merodeaba la iglesia.

Dos o tres veces se suspendió el catequismo y los niños y niñas, junto a sus papás, se reunían por Zoom. La mezcla entre el inglés y el español era graciosa, muestra de la complejidad social de familias de México, El Salvador, Guatemala, Honduras, con sus hijos hablando en inglés y las catequistas en castellano e inglés. Así, tanto el grupo de estadounidenses como los feligreses se informaban por grupos telefónicos, en línea. En nuestros talleres escuchamos distintas iniciativas para llevar comida y abarrotes a familias migrantes con temor de salir a hacer compras. Algunas se realizaron, otras no, sin embargo veo que en Minneapolis esta acción ya es una realidad organizada. También se coordinaron reuniones entre migrantes que habían estado bajo custodia de ICE y a quienes les tocaba pronto ir frente a un juez por temas migratorios. Los migrantes se aconsejaban entre sí.

Conducir para reportar la presencia de ICE o ir a los juzgados migratorios fueron, pues, de las primeras iniciativas para dar seguimiento. Fueron hechas por estadounidenses, blancos, con la seguridad de su ciudadanía, esa fue su contribución. Bajo de agua, en redes cercanas a los hogares migrantes, se pasaba la información, los rumores. Se deseaba hablar al respecto pero, también, no se hacía. Era de cierta manera un tabú a voces. En nuestro grupo recuerdo que algunos nos expresaban que les servía reunirse para informarse y saber qué pasaba con ICE mientras, otros, habían dejado de ir al grupo pues era demasiada la angustia de seguir escuchando sobre lo mismo.

Así, en la ciudad donde vivimos, se inició un pequeño movimiento donde enfermeras, ancianos retirados, jóvenes organizadoras de base, se subían a su carro y pasaban en lugares donde ICE tenía redadas. Esas tardes cuando escuché sobre la muerte por disparos de ICE de los observadores, Renée Nicole Good y de Alex Jeffrey Pretti, en enero de 2026, vi que había escalado la represión contra los propios ciudadanos estadounidenses. Ya antes hubo muertos mexicanos, guatemaltecos, bajo custodia de ICE o intentando escapar de ellos, pero para un país que se basa en la ciudadanía como si fuera una casta colonial, la muerte de los jóvenes observadores en Minneapolis ya no fue represión sobre los morenos, los otros, sino de los enfermeros, de los estudiantes, las madres. La misma iniciativa que hoy se apropia del petróleo venezolano es la que está convirtiendo a ICE en un ejército en Minneapolis. Ambas son parte de la misma agresión.

6. Reflexiones: Estados Unidos contra sí mismo o el nuevo momento histórico

Al día siguiente de la muerte de Alex Jeffrey Pretti, en otras latitudes, la gente en la pequeña ciudad donde habito se abalanzó por abarrotes ante el temor a una inusual tormenta. Caería nieve y luego lluvia helada, decían los noticieros, algo que generaría la caída de cables y el consecuente corte de fluido eléctrico. El pan y el papel higiénico escasearon. El día soleado de ayer parecía una ilusión ante el frío cortante al mediodía y el pronóstico de precipitación por la noche. Similar a la tormenta, diarios como el New York Times ya hablaban del creciente “terror estatal” por ICE en Minneapolis. Ante las tormentas naturales y sociales en ciernes, finalizo con unas notas sobre los cambios en la política desde abajo en Estados Unidos de enero de 2026.

Los cánones para pensar los derechos ciudadanos e internacionales cambiaron rotundamente. Comenzamos 2025 con tarjetas y talleres para migrantes sobre “conoce tus derechos” e iniciamos el 2026 con el asesinato de dos observadores estadounidenses y varios migrantes en custodia de ICE. Se pasó de la tormenta sobre Gaza a la persecución de estudiantes y profesionales extranjeros en Estados Unidos; de los videos donde los agentes de ICE no podían alcanzar a un migrante al ingresar a su casa en Los Ángeles a las múltiples incursiones armadas y disparos contra venezolanos en su casa en Minnesota. ICE rompió la delgada capa de los derechos civiles.

Los tiempos del Partido Demócrata están alejados de la urgencia de los asesinatos y de la represión contra los migrantes y luchadores estadounidenses. Sus representantes a nivel de los condados se niegan a firmar apoyos oficiales para los migrantes y, en las universidades, la administración y profesores suelen acatar las disposiciones de Trump a espera de un cambio en los resultados electorales. Se cree que el tiempo corre a favor de ellos, ¡en el primer año de Trump! Muchos aprendieron a normalizar que Obama y Biden estaban del lado correcto y menos malo de la historia y pasaron sin cuidado su papel en la construcción de cárceles para migrantes, el fortalecimiento de ICE y, finalmente, el apoyo armamentístico en la guerra contra Gaza. El horizonte liberal demócrata no fue socavado por Trump y las fundaciones supremacistas a su alrededor, como la Heritage Foundation, más bien fueron sus propias acciones las que mantuvieron en una actitud de espectadores a quienes debían salir a las calles a construir la democracia.

El movimiento de resistencia a Trump y la política detrás de la Heritage Foundation está compuesta por enfermeras, ancianos retirados, jovencitos de secundaria que se acercan a conocer qué está pasando, estudiantes que abogan por sus padres indocumentados o que adquirieron consciencia crítica en las luchas por Gaza. Provienen de distintas generaciones: desde los boomers que supieron lo que era tomar las calles y organizarse hasta aquellos jóvenes que se acercan a su momento histórico. El movimiento de los marginados y rechazados por la sociedad – léase retirados, LGTBQ, latinx de primera generación, barrios negros, estudiantes – se mueven entre políticas tan disímiles como el Partido Demócrata, la diversidad sexual perseguida, los hijos de los indocumentados. Por contradictorio que parezca en términos de clase, ese movimiento convocó al primer paro “general” sindical y citadino en la historia de Minneapolis en más de setenta años. Es posible que estemos entrando a la era de los paros no pensados como sindicalismo – aunque sean centrales muchas veces en su convocatoria – sino en la defensa de las ciudades como espacios de diversidad y decisión.

Para esto, muchas veces, los enemigos no sólo son ICE sino los propios alcaldes y gobernadores del Partido Demócrata que envían a la policía local o a la Guardia Nacional a destruir las barricadas levantadas tras la indignación de la muerte de Good y de Pretti. El horizonte político está cambiando, el hecho de que Estados Unidos se mueva contra Estados Unidos – como ya lo hizo contra los estudiantes de Kent State o Jackson State en 1970 – no sólo debe entenderse como la crisis del imperio sino la emergencia de algo potencialmente nuevo desde abajo. A lo mejor esa multitud humana, diversa, colorida, hermana que soñaba Walt Whitman en el siglo XIX. Ese algo multitudinario ha tenido diversos nombres y se ha conjugado en experiencias como los Black Panthers en 1970, Black Lives Matter en 2020 o el movimiento contra la guerra en Gaza de 2024. Los pequeños grupos formándose en Estados Unidos son los que están creando, hoy por hoy, en mi perspectiva, la resistencia a la dictadura en ciernes.

Nota:

* Se habla de nueve personas asesinadas por ICE. Muerte por disparos de arma de fuego de los ciudadanos estadounidenses: Alex Pretti y Renée Good, en Minnesota y Keith Porter en California (2025). Bajo custodia de ICE, algunos por paro cardiaco: el ciudadano mexicano Heber Sanchéz Domínguez en Georgia (2025), el ciudadano nicaragüense Víctor Manuel Díaz en El Paso, Texas (enero 2026), la ciudadana de Cambodia, Parady La, en Filadelfia (enero 2026), el ciudadano hondureño Luis Beltrán Yañez-Cruz en California (enero 2026), el ciudadano hondureño Luis Gustavo Nuñez Cáceres en Houston (enero 2026), el ciudadano cubano Geraldo Luna Campos en Montana (enero 2026).


* El autor es profesor de historia en una universidad de la costa este de Estados Unidos, utiliza pseudónimo dada la persecución contra profesores extranjeros que comentan o analizan la política estadounidense.



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Imagen: Protestas en Hennepin Avenue en Minneapolis, enero de 2026.