Abdullah Öcalan

Mensaje de Abdullah Öcalan enviado desde la cárcel a la Conferencia Internacional sobre la Paz y la Sociedad Democrática, organizada por el Partido por la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (DEM) en diciembre de 2025 y en la que participaron decenas de invitados e invitadas internacionales.

Estimados pensadores, queridos camaradas, valiosos delegados y todas las personas que continúan creyendo que el socialismo sigue siendo posible:

Me dirijo a ustedes hoy desde la Isla de İmrali, tras veintiséis años de aislamiento, en un momento en que un nuevo diálogo con el Estado (turco) sobre la cuestión kurda en búsqueda de paz y de una sociedad democrática se ha reanudado nuevamente. Dirigirme a ustedes, en la Conferencia Internacional sobre Paz y Sociedad Democrática, en el camino de reconstruir el socialismo, es tanto significativo como importante.

Como kurdos, a lo largo de los 52 años de lucha del PKK (Partido de los Trabajadores de Kurdistán)hemos completado nuestra lucha por la existencia y la dignidad, y ahora entramos en un período en el que es posible reconstruir una república y una sociedad democráticas.

El PKK ha cumplido su misión histórica al asegurar la existencia nacional del pueblo kurdo, al tiempo que ha expuesto las limitaciones del socialismo del Estado-nación. El socialismo del siglo XX surgió como una intervención revolucionaria negativa, pero no logró presentar una alternativa duradera. A pesar de los enormes sacrificios, esa lucha se ha convertido en un legado enriquecido tanto a través de la crítica teórica como práctica. Honrar y apropiarse adecuadamente de este legado requiere transformar el socialismo de un mero recuerdo a una fuerza social viva que late en el corazón del pueblo.

La tradición socialista en la historia debe entenderse como un legado destinado a construir tanto la paz como una sociedad democrática, y el camino a seguir reside en cumplir las responsabilidades internacionalistas, en la teoría y en la práctica.

Aunque los socialistas utópicos y los marxistas han ofrecido críticas exhaustivas al sistema hegemónico capitalista desde el siglo XIX, no lograron desarrollar una línea decisiva con resultados concretos. El capitalismo actual ya no es simplemente una crisis; se ha convertido en una enfermedad que amenaza la propia supervivencia de la humanidad. El monopolio de la violencia en forma de Estado-nación desempeña un papel determinante en este colapso.

Así como el capitalismo no puede explicarse únicamente por motivos económicos, los fracasos de los movimientos socialistas no pueden explicarse solo por la represión capitalista. Los errores históricos y contemporáneos también han sido decisivos.

Mis críticas al marxismo deben entenderse correctamente. No culpo a Marx; en su época, la historia no se comprendía mejor que hoy, no habia crisis ecológica, y el capitalismo aún estaba en ascenso. Aun así, Marx fue un pensador de profundo autocuestionamiento y valentía intelectual. Percibió la importancia de la liberación de la mujer, pero la abordó de manera superficial, creyendo que una vez superada la explotación económica, la opresión de género se disolvería naturalmente. Su intento de interpretar la historia social exclusivamente a través de la clase y su insuficiente análisis del Estado y del Estado-nación tuvieron graves consecuencias. Al ofrecer estas críticas, me gustaría subrayar mi profundo respeto por los esfuerzos de Marx y no tengo ninguna duda sobre su sinceridad, y también señalar que distingo entre el marxismo y el propio Marx. Cuando criticamos el marxismo y el socialismo realmente existente sobre ciertas cuestiones fundamentales, lo que sentimos, como socialistas, es el espíritu de la autocrítica desde adentro.

Las fuerzas antisistémicas deben revisar el materialismo histórico de una manera que se alinee con la realidad de la sociedad humana. Es esencial comprender que el capitalismo no “descendió del cielo” en el siglo XVI; más bien, sus raíces se extienden a los 10 mil o 12 mil años de evolución de la civilización que comenzó en la Baja Mesopotamia. Sitios arqueológicos como Göbeklitepe y Karahantepe arrojan luz sobre este origen histórico. Por esta razón, considero más preciso definir el sistema existente de civilización como un “sistema de asesinato social basado en castas”. Los hallazgos arqueológicos y antropológicos muestran que las castas masculinas cazadoras, mediante el desarrollo de técnicas de matanza, reprimieron y esclavizaron a las comunidades de clanes centradas en las mujeres. Esto marca la ruptura más profunda en la historia humana —de hecho, es una importante contrarrevolución que da forma a todos los desarrollos posteriores de la civilización—.

Comprender el capitalismo desde esta perspectiva histórica más larga permite análisis mucho más reveladores. Este sistema no solo profundiza las contradicciones sociales internas; también amenaza con la extinción de la especie humana al producir armas químicas y nucleares capaces de aniquilar el planeta, al contaminar el medio ambiente y al saquear las riquezas de la naturaleza tanto por encima como por debajo del suelo. Es uno de los deberes esenciales de la internacional ofrecer a la humanidad un nuevo análisis del capitalismo fundado en esta grave realidad.

Necesitamos examinar la historia de los oprimidos a través de la perspectiva de la comuna, que surgió ante todo como una formación de autodefensa. Esto requiere ver a las primeras comunidades tribales como los inicios de la comuna y adoptar una perspectiva histórica que se extienda hasta el proletariado de hoy y a todos los grupos oprimidos.

Sobre esta base, afirmamos que la historia no puede reducirse únicamente a la lucha de clases. Si bien la lucha de clases es ciertamente parte de ella, es más preciso leer la historia como un largo proceso de relaciones y conflictos entre el desarrollo comunal y el desarrollo anticomunal que se extiende aproximadamente durante 30.000 años.

Anticipo que esta conferencia, al abordar los análisis teóricos que he presentado, fomentará debates importantes que pueden contribuir al desarrollo de una nueva perspectiva de programa político y de organización. En este proceso, el método fundamental es el materialismo dialéctico. Sin embargo, ciertos excesos de la dialéctica clásica deben ser superados. Debemos ver las contradicciones no como polos opuestos destinados a eliminarse mutuamente, sino como fenómenos sociales que también se sostienen y moldean entre sí. Porque sin la comuna, no habría Estado; sin la burguesía, no habría proletariado. Por lo tanto, la contradicción debe evaluarse no desde una lógica de aniquilación, sino desde una perspectiva histórica transformadora.

Los desarrollos científicos muestran que el método dialéctico sigue siendo una herramienta eficaz para el análisis social, siempre y cuando no se cosidere absoluto. Con este marco, es imperativo actualizar las dialécticas comuna–Estado y clase–Estado. El fracaso del socialismo real del siglo XX provino de la incapacidad de interpretar correctamente esta dialéctica histórica: el socialismo centrado en el Estado se apoderó del Estado para luego ser derrotado por él. Al vincular el derecho de las naciones a la autodeterminación con el Estado-nación, quedó confinado dentro de los límites de la política burguesa. El concepto de un “Estado-nación proletario”, de manera similar, no produjo más que una reproducción de la mentalidad estatista. Interpretando esta realidad correctamente, afirmé lo siguiente: el socialismo estatista conduce a la derrota, mientras que el socialismo de la sociedad democrática conduce a la victoria. Hoy ha llegado el momento de avanzar hacia la emancipación democrática sobre la base del socialismo democrático. En este camino, avanzo con la convicción de que lograremos la reconstrucción no a través del Estado, sino mediante el paradigma de una república democrática y una nación democrática fundada en los principios de la libertad de las mujeres, la ecología y la sociedad democrática.

Esta conciencia ha renovado ideológica y políticamente a nuestro movimiento, ha revitalizado su dinamismo organizativo y ha profundizado sus raíces en la sociedad, permitiéndole desarrollar un programa socialista capaz de responder a las necesidades del siglo.

La relación entre el socialismo democrático y el Estado también se está reformulando en el contexto del proceso de paz y resolución. Defino mi relación con el Estado como una relación de democratización. El concepto de república democrática requiere que el Estado no funcione como un poder divino que se sitúa por encima de la sociedad, sino más bien como una estructura que opera dentro del marco de un contrato democrático realizado con la sociedad. A través de una estrategia de política democrática, es posible lograr el cambio y la transformación del Estado y reconstruir la sociedad sobre bases democráticas.

Anclar esta estrategia en el derecho constituirá la base duradera de la paz. El derecho es un mecanismo que garantiza y equilibra la relación democrática entre el Estado y la sociedad, sirviendo como un instrumento que previene la violencia. Al mismo tiempo, institucionalizará el establecimiento, la legitimidad y la reconstrucción de la república democrática. En relación con esto, uno de los argumentos estratégicos clave que he propuesto es el concepto de integración democrática y su marco legal. El derecho de integración democrática, en el que las normas jurídicas se reconstruyen a favor de la sociedad mediante normas individuales y universales junto con derechos colectivos, debe basarse en los siguientes tres principios fundamentales:

–Una ley del ciudadano libre.

–Una ley de paz y sociedad democrática.

–Leyes de libertad.

El derecho de integración democrática no solo transformará al Estado en uno normativo, sino que también permitirá institucionalizar los logros sociales, permitiendo a la sociedad realizar su libertad. El proceso de “Llamamiento por la Paz y la Sociedad Democrática” que lancé es en sí mismo un proceso de diálogo. En una región como Medio Oriente —definida por complejas relaciones de etnias, religiones y sectas— mucho se puede lograr mediante el diálogo democrático y la negociación. Además, creo que un socialismo significativo puede organizarse no mediante un método revolucionario violento, sino a través de un sistema positivo de construcción y existencia —uno que toma forma mediante el diálogo democrático—. Sin un diálogo democrático exhaustivo y profundo, es difícil creer que el socialismo pueda construirse, o que pudiera perdurar incluso si se construyera. Lenin también dijo: “Sin una democracia incluyente y avanzada, el socialismo no se puede construir”.

Con estos pensamientos y esta determinación, una vez más les deseo una conferencia exitosa y les extiendo mis duraderos saludos y afecto de camaradería.

Isla de İmralı, 06/12/2025