Compañerxs,

Una época llega a su fin. Romper juntos las cadenas de la competencia y el miedo del viejo mundo fue una fiesta donde no hizo falta ni líderes, ni representantes, ni vanguardias, ni partidos para que cada cual encontrara su lugar y supiera lo que quería dar. Nuestras capacidades de acción e intervención en la realidad eran tan amplias como nuestra imaginación. Y se multiplicaban a medida que nos dejábamos empapar más y más en las aguas de la revuelta. Esa experiencia aún alienta en nuestros corazones. Como se dice en estas tierras: “lo comido y lo bailado no lo quita nadie”. La estrella de la vida es nuestra.

La insurrección no se hace cargo de salvar las instituciones e institucionalizaciones de los de arriba, es una fuerza subterránea que asciende rompiendo con los obstáculos al goce inmediato y con los estrechos caminos mentales y terrenales de la destrucción planetaria comandada por la diada del Dios Dinero y el Dios Trabajo: estos son solo símbolos de nuestro despojo y de lo que nos separa de la vida. Símbolos del olvido de que somos nosotrxs quienes construimos el mundo y lo volveremos a construir a nuestro antojo si la Madre Tierra nos lo permite. Esta lucha por salvar lo que queda de vida dentro de nosotrxs no está separada de la lucha por salvar la vida que queda sobre el astro que habitamos.

¿Podrá la resaca que acompaña la borrachera democrática hacernos olvidar el sabor vital de la revuelta? Por supuesto que no. ¿Podrá quizás inaugurar un nuevo periodo de estupefacción y amnesia que postergue una vez más nuestro esfuerzo? Es posible, tampoco tenemos miedo de aceptarlo porque conocemos esa vieja rutina. Es urgente que el potencial humano despierte antes de que su sentido de derrota lo supere completamente, pero nuestro aliento no se apura: cuando la humanidad realmente despierte la celebración no tendrá fin.

Nuestra insurrección abrió otros mundos posibles y nos mostró que lo que éramos capaces de hacer es mucho más que una raya en un papel.

Nada está perdido. Sabemos bien que a veces para encontrarse hay que perderse.

¡Despierta!

En las montañas, en las costas, en los bosques, en los desiertos y hasta en las urbes derruidas, la vida nos espera.

 
EVADE CHILE 2020 #

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CONTENIDOS

11…   La batalla de Santiago
28…   [Primer comunicado] El derecho de vivir no se mendiga, ¡se toma!
34…   [Segundo comunicado] ¡Evade todo!
38…   [Tercer comunicado] El momento decisivo: ¡Hermanxs, tenemos derecho a la autodefensa!
41…   [Cuarto comunicado] Aviso de utilidad pública: A propósito de la agonía del viejo mundo
43…   Carta abierta a Jorge González
49…   Primera carta
61…   [Quinto comunicado] ¿Es posible salir de la espiral de la violencia?
66…   [Sexto comunicado] Cómo (no) organizarse si lo que se busca es subvertir la lógica mercantil y patriarcal del dinero
68…   [Séptimo comunicado] Hoy todo es posible
74…   [Octavo comunicado] ¡La resistencia es vida!
77…   [Noveno comunicado] ¡Nos quieren dar lecciones!
79…   Segunda carta
84…   [Décimo comunicado] Sabemos que el cambio no está en La Moneda…
87…   [Onceavo comunicado] Llamamiento de una liceana
101…  El baile de lxs que sobran
145…  Tercera carta
158…  Todo comienza aquí y ahora
184…  Unidad y diferencias en las insurrecciones de Francia y Chile
197…  [Doceavo comunicado] No escucharemos más sermones
200…  [Treceavo comunicado] ¡El norte de Chile aún resiste!
204…  Cuarta carta
208…  Quinta carta
215…  [Catorceavo comunicado] El cambio no está en las urnas
218…  Hacia la Comuna
227…  Sexta carta
244…  ¡La pandemia no detendrá la revuelta!
244…  Coronavirus: Reporte de Chile
248…  Coronavirus: Reporte de Francia
255…  Séptima carta
267…  Octava carta
269…  Pueblos del mundo, ¡un esfuerzo más!
293…  Novena carta
311…  La batalla del 10%

 

Chile: reporte de una insurrección

 

 

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