Poema Antropófago bajo Narcóticos

 

Na esquina da rua São Luís uma procissão de mil pessoas
acende velas no meu crânio
há místicos falando bobagens ao coração das viúvas
e um silêncio de estrela partindo em vagão de luxo
fogo azul de gim e tapete colorindo a noite, amantes
chupando-se como raízes

Maldoror em taças de maré alta
na rua São Luís o meu coração mastiga um trecho da minha vida
a cidade com chaminés crescendo, anjos engraxates com sua gíria
feroz na plena alegria das praças, meninas esfarrapadas
definitivamente fantásticas
há uma floresta de cobras verdes nos olhos do meu amigo
a lua não se apoia em nada
eu não me apoio em nada

sou ponte de granito sobre rodas de garagens subalternas
teorias simples fervem minha mente enlouquecida
há bancos verdes aplicados no corpo das praças
há um sino que não toca
há anjos de Rilke dando o cu nos mictórios
reino-vertigem glorificado
espectros vibrando espasmos

beijos ecoando numa abóbada de reflexos
torneiras tossindo, locomotivas uivando, adolescentes roucos
enlouquecidos na primeira infância
os malandros jogam ioiô na porta do Abismo
eu vejo Brama sentado em flor de lótus
Cristo roubando a caixa dos milagres
Chet Baker ganindo na vitrola

eu sinto o choque de todos os fios saindo pelas portas
partidas do meu cérebro
eu vejo putos putas patacos torres chumbo chapas chopes
vitrinas homens mulheres pederastas e crianças cruzam-se e
abrem-se em mim como lua gás rua árvores lua medrosos repuxos
colisão na ponte cego dormindo na vitrina do horror
disparo-me como uma tômbola
a cabeça afundando-me na garganta

chove sobre mim a minha vida inteira, sufoco ardo flutuo-me
nas tripas, meu amor, eu carrego teu grito como um tesouro afundado
quisera derramar sobre ti todo meu epiciclo de centopeias libertas
ânsia fúria de janelas olhos bocas abertas, torvelins de vergonha,
correrias de maconha em piqueniques flutuantes
vespas passeando em voltas das minhas ânsias
meninos abandonados nus nas esquinas
angélicos vagabundos gritando entre as lojas e os templos
entre a solidão e o sangue, entre as colisões, o parto
e o Estrondo.

Roberto Piva (Brasil, 1937-2010). Es uno de los más importantes poetas post-concretistas. Gran lector de Dante, Freud, Rimbaud, Nietzsche y los surrealistas, lo que le valió ser uno de los únicos dos brasileños considerado en el famoso Diccionario de Surrealismo. Su obra ha sido motivo de diversos estudios y análisis por parte de los críticos más importantes de Brasil como Claudio Willer, Floriano Martins, entre otros. Además, de las innumerables antologías en las cuales ha sido considerado. En lengua española textos suyos aparecieron en versión bilingüe en la revista argentina Tsé-Tsé, número 11. Su principal difusor y traductor en Argentina es el poeta Carlos Riccardo, quien ha difundido diversos textos como sus Manifiestos Chamánicos. Los siete poemarios que ha publicado Piva son: Paranóia (1963), Piazzas (1964), Abra os olhos & diga ah (1975), Coxas (1979), 20 poemas com brócoli (1981), Quizumba(1983) y Ciclones (1998). El poema “Visión de São Paulo por la noche” pertenece a Paranóia y la traducción al castellano que sigue fue realizada por el poeta peruano Edgar Saavedra.

En la esquina de la calle São Luís una procesión de mil personas
enciende velas en mi cráneo
hay místicos hablando tonterías al corazón de las viudas
y un silencio de estrella partiendo en un vagón de lujo
fuego azul de gin y un tapete colorean la noche, los amantes
se chupan como raíces

Maldoror en copas de marea alta
en la calle São Luís mi corazón mastica un trecho de mi vida
la ciudad con chimeneas creciendo, ángeles lustrabotas con su jerga
feroz en plena alegría de las plazas, muchachas desarrapadas
definitivamente fantásticas
hay una floresta de cobras verdes en los ojos de mi amigo
la luna no se apoya en nada
yo no me apoyo en nada

soy puente de granito sobre ruedas de garajes subterráneos
teorías simples hierven mi mente enloquecida
hay bancos verdes aplicados al cuerpo de las plazas
hay una campana que no toca
hay ángeles de Rilke dando el culo en los urinarios
reino-vértigo glorificado
espectros vibrando espasmos

besos resonando en una bóveda de reflejos
caños tosiendo, locomotoras aullando, adolescentes roncos
enloquecidos en la primera infancia
los malandrines juegan yo-yo en la puerta del Abismo
veo a Brahma sentado en flor de loto
Cristo robando la caja de los milagros
Chet Baker gimiendo en la vitrola

siento el choque de todos los hilos saliendo por las puertas
partidas de mi cerebro
veo putos putas patanes torres balas chapas chops
vitrinas hombres mujeres pederastas y niños se cruzan y
se abren en mí como luna gas calle árboles luna medrosos impulsos
colisión en el puente ciego que duerme en la vitrina del horror
me disparo como una tómbola
mi cabeza se hunde en la garganta

llueve sobre mí y mi vida entera, me sofoco ardo floto
en las tripas, mi amor, cargo tu grito como un tesoro enterrado
quisiera derramar sobre ti todo mi epiciclo de ciempiés libertos
ansia furia de ventanas ojos bocas abiertas, torbellinos de vergüenza,
correrías de marihuana en picnics flotantes
avispas paseando envueltas de mis ansias
muchachos abandonados desnudos en las esquinas
angélicos vagabundos gritando entre las tiendas y los templos
entre la soledad y la sangre, entre las colisiones, el parto
y el Estruendo.

Lectura en versión castellana rioplatense de “Visión de São Paulo por la noche”

 

Otros poemas de Roberto Piva (en castellano)

 

Categorías: Imágenes