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Alejandro Olmo
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1.Comuna como resistencia y desborde
Uno de los puntos que planteamos en el número anterior de Crítica Anticapitalista (“Comuna en-contra-y-más-allá del Estado”), fue que la comuna no es algo que existe positivamente, como una forma de organización alternativa al Estado, sino que existe antagónicamente dentro de la relación social capitalista y se manifiesta como lucha contra la coerción que el capital ejerce sobre la actividad vital humana, como un movimiento que además desborda dicha coerción.
Otro de los puntos planteados fue que cualquier pensamiento o experiencia política anticapitalista debe proponerse abolir el trabajo abstracto y la producción de valor. Esto implica romper con el proceso mediante el cual la actividad humana se transforma y enajena en trabajo abstracto, es decir romper con el corazón del sistema capitalista.
Esta ruptura la pienso como un proceso, como un movimiento obviamente contradictorio y no-lineal, que resiste y que sobre todo intenta desbordar las formas identitarias en las que se cristalizan las relaciones sociales del capitalismo: el Estado, el trabajo abstracto, el valor, la clase.
Desde este punto de vista, la comuna sería entonces un proceso no solo de resistencia sino también un proceso que intenta avanzar en la creación de otra forma de vida, basada en una asociación libre y autodeterminada entre las personas, rechazando el trabajo asalariado y la producción de mercancías. Muchas de las actuales experiencias de lucha contra el capitalismo contienen en alguna medida esta tendencia que implica prefigurar un modo de vida diferente.
2, Comuna como un proceso de abolición y creación
Si pensamos entonces que la comuna es un proceso que tiende a romper con el relacionamiento social existente y a crear uno nuevo, y si pensamos además que no es posible abolir el capitalismo desde sus estructuras de poder, entonces esa abolición no puede realizarse en un único acto de arriba hacia abajo, sino que debe ser un proceso de abolición/creación, de creación/abolición.
No sería entonces esta una abolición en abstracto sino una lucha por una nueva forma de relación social donde la actividad humana se libere del trabajo asalariado.
La creación de otra forma de organización humana se desarrollaría entonces como un proceso de destrucción/creación simultáneamente: un movimiento de resistencia a la mercantilización que produce el trabajo abstracto y, a la vez, de generación de una nueva forma de relacionarnos que habilite el desarrollo de las capacidades creativas de nuestra actividad vital.
La importancia de pensar la comuna como un proceso de abolición de una forma de organización basada en el trabajo productor de mercancías y al mismo tiempo de creación de otra forma de organización basada en la autodeterminación de la actividad humana, implica un cambio radical con respecto a la concepción de la lucha de clases dominante desde el establecimiento del Estado de la URRS. Ya no es solo la lucha de la clase trabajadora contra el capital, sino además y sobre todo, la lucha contra la imposición de ser clase trabajadora, contra el trabajo abstracto que nos produce como trabajadores, que nos “clasifica” como clase trabajadora.
Por eso me parece muy importante lo que expresa Sinem Özer en el del artículo “¿Existe una teoría marxista de la comuna?”, cuando dice hay que pensar la Comuna “como lucha por la desclasificación (1)”, es decir, pensar la Comuna como una lucha por la abolición del trabajo abstracto y la clase:
A diferencia del Estado, la comuna no es, ante todo, una forma política ya establecida, sino un campo de lucha.Y, sobre todo, esta lucha no la libra una clase ya constituida, sino una lucha de desclasificación. Sinem Özer, “Is there a Marxist theory of commune?” https://comunizar.com.ar/is-there-a-marxist-theory-of-commune/
Mientras el capital es un proceso de abstracción de nuestra actividad vital para la producción de mercancías, un proceso de clasificación y cosificación de las relaciones humanas, la comuna es un proceso de lucha contra esa abstracción y clasificación.
La comuna es lucha de clases sí, pero es una lucha más profunda que va contra la raíz del capitalismo porque va contra el trabajo abstracto y la producción de valor y por lo tanto, es una lucha contra la clasificación de las personas en clases, una lucha por la desclasificación como dice Sinem Özer.
Un excelente planteo que ayuda mucho a seguir pensando sobre comuna y lucha de clases es el que hace John Holloway en el libro “Agrietar el capitalismo, el hacer contra el trabajo”.(2)
El planteamiento de Holloway consiste en que existen dos niveles diferentes de lucha de clases: Un primer nivel que está dado por la abstracción del hacer en trabajo: el antagonismo entre el hacer creativo y el trabajo abstracto, y un segundo nivel de lucha de clases que se desarrolla en la explotación del trabajo abstracto: el antagonismo entre el trabajo y el capital.
Lo fundamental de este enfoque, siempre desde mi punto de vista, es la afirmación de que la abstracción del hacer en trabajo, es decir el primer nivel de lucha de clases, es la base de la explotación del trabajo por parte del capital que ocurre en ese segundo nivel de la lucha de clases.
Esto quiere decir que sólo una vez que el hacer se enajena en trabajo abstracto están dadas las condiciones para la explotación del trabajo (el hacer ya enajenado) por parte del capital. La explotación del trabajo tiene entonces como premisa la imposición del trabajo asalariado, abstracto y la producción de mercancías.
Por otra parte, la generalización de esta mercantilización de las relaciones humanas oculta y naturaliza la abstracción de nuestro hacer autodeterminado en trabajo abstracto.
Este enfoque es importante entonces porque nos permite pensar la comuna como un proceso de ruptura con ese fetichismo desde el momento en que visibiliza la lucha entre la tendencia a la autodeterminación de la actividad vital y el trabajo asalariado o abstracto como el antagonismo fundamental, central del sistema capitalista.
La concepción de lucha de clases tradicional a la que podríamos llamar leninista parte desde el segundo nivel de lucha de clases, es decir desde la lucha del trabajo contra el capital tomando ya como natural la abstracción del hacer en trabajo. De esta manera, esta concepción de la lucha de clases prolonga el fetichismo de la mercancía y el trabajo abstracto. En cambio la concepción de Comuna que analizamos aquí, parte del nivel más profundo de lucha de clases, desfetichiza el ocultamiento que genera la producción capitalista y revela el antagonismo entre actividad vital y trabajo abstracto. Siguiendo con esta argumentación, podemos pensar a la comuna como un proceso de lucha contra ambos niveles de lucha de clases, pero principalmente contra la enajenación del hacer humano mediante el trabajo abstracto.
Nos preguntamos en Crítica Anticapitalista si la Comuna es una manera de entender la clase y la lucha de clases en clave no identitaria, no positivizada. Ante esa muy buena pregunta pienso que si la Comuna es un proceso de lucha contra la clasificación, entonces es una lucha contra lo identitario del relacionamiento social capitalista ya que la clase trabajadora es un producto del trabajo abstracto. Y si la Comuna es también un proceso que intenta crear una nueva forma de asociación humana donde no exista la imposición de que unas personas trabajen para otras vendiendo su energía vital (su “fuerza de trabajo”) a cambio de dinero, entonces podemos pensar que ese proceso de lucha no puede ser sino anti-identitario.
Me parece importante en este punto insistir en que siempre estamos hablando de un proceso contradictorio y no homogéneo ni lineal, un proceso que no supone ninguna garantía de “éxito”. Sin embargo también es importante poder visualizar la existencia de experiencias con estas características “comunizantes” en el zapatismo y en el Movimiento de Liberación Kurdo solo para nombrar los ejemplos que aparecen como los más importantes.
3. Comuna como revolución
Pensamos la Comuna entonces como una lucha que nace una y otra vez desde el antagonismo entre nuestra actividad vital y su enajenación en el trabajo abstracto; por eso decimos que la Comuna no es algo que exista positivamente, congelada, como un paradigma a seguir, sino que es un movimiento de lucha permanente. Y a partir del reconocimiento de ese antagonismo me parece que lo más importante es pensar cómo se puede romper con el trabajo asalariado y el valor, con el Estado y con la clase. En principio, sin poder dar una respuesta a ese “cómo”, me parece que el desarrollo de la Comuna debe suponer necesariamente la creación de relaciones sociales diferentes entre las personas y con la naturaleza. Me refiero a esa creación/destrucción que como proceso sería la Comuna. Por lo menos no me imagino la abolición del Estado, del trabajo abstracto y de la clase sino como parte de un proceso de creación/abolición, un proceso de lucha contradictorio pero que vaya estableciendo un nueva organización social en-contra-y-más-allá del trabajo abstracto.
En otras palabras: ¿cómo sería la abolición o la destrucción del capitalismo, sino desde un movimiento de creación de relaciones sociales “comunistas” o comunizantes?
Me parece también que pensar la Comuna de esta manera conlleva una mirada anti-identitaria de la lucha de clases, mirada que desanda el fetichismo generado por la mercantilización de las relaciones humanas.
Estas rupturas con el trabajo productor de mercancías implicarían ir liberando la potencialidad de las capacidades del hacer humano para ir generando una nueva forma de asociación entre las personas. Una asociación libre, cooperativa y autodeterminada para producir, si es que este término se puede utilizar sin la connotación capitalista, lo necesario para la vida y según las necesidades colectivas e individuales.
Siento que pensar la comuna de esta manera, es como recuperar la esperanza de que es posible una revolución contra este sistema capitalista cada vez más violento y destructor de la vida humana y no humana, inclusive en estos tiempos de crecimiento de las ultraderechas.
Algo o mucho de estos intentos de creación de otra forma de vida estamos viendo, cada uno con sus características, en las experiencias de Chiapas y Rojava, pero también en muchas otras pequeñas experiencias menos visibles.

Imagen: Sin nombre. Creación de arte colectivo autónomo zapatista
Referencias
(1) Özer, Sinem Is there a Marxist theory of commune?.
(2) Holloway, John. Agrietar el capitalismo, el hacer contra el trabajo. Herramienta ediciones, 2011(páginas 170-172).