John Holloway
El 17 de julio Raoul Vaneigem y su compañera Eleni mandaron un mensaje a su lista de circulación diciendo “L’aube s’emporte sur la nuit”, “El amanecer le gana a la noche”. Fue el último mensaje público de Raoul. Once días después falleció, el 28 de julio.
El amanecer le gana a la noche. Un mensaje conmovedor que viene de alguien que confronta los últimos días de la vida, ya tenía 92 años. Pero más que eso, es una síntesis de su legado, de todo lo que nos había dicho en tantos escritos diferentes, empezando, para mí y para muchxs, con su libro de 1967, Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones. Generalmente comsiderado como uno de los dos clásicos del movimiento situacionista de los años 60 en Francia, hubo un contraste fuerte entre este libro y el otro clásico del movimiento, La Sociedad del Espectáculo, de Guy Debord. El libro de Debord está mucho más enfocado en el poder de la noche, en cómo estamos atrapados dentro de este mundo de apariencias falsas.
El amanecer le gana a la noche. Una declaración personal, una síntesis de su legado y más que eso: una consigna, una bandera de lucha que tenemos que izar contra la noche del mundo actual, del capitalismo. Va en contra de la tendencia actual de gran parte del discurso anticapitalista, que dice una y otra vez “la noche está ganando al amanecer”, o simplemente “La noche está ganando, ya no va a haber amanecer”. Las últimas palabras de Raoul nos dejan con un desafío, el desafío de pensar el mundo desde el amanecer. No de una manera simplista u optimista, sino pensar la tragedia del mundo actual desde nuestra fuerza, desde nosotrxs. Pensar desde la vida y no desde la muerte.
El desafío de pensar desde la vida se expresa con una fuerza extraordinaria en las primeras líneas de su libro con el maravilloso título de Carta a mis hijos y a los hijos del mundo que viene:
Habéis tenido el privilegio de nacer en un punto crucial de la historia; una época en la que todo se transforma, en la que ya nada volverá a ser como antes… Una civilización se hunde, otra nace. La desgracia de heredar un planeta en ruinas se mezcla con una felicidad incomparable: la de asistir a la lenta emergencia de una sociedad tal que la historia jamás ha conocido – si no es por la loca esperanza, alimentada por millares de generaciones, de poder llevar un día una vida digna del ser humano, una vida liberada, al fin, de la miseria, de la barbarie y del miedo. Una nueva sociedad emerge poco a poco de la bruma. (2012, 15)
Claro que Raoul no ha sido el único en insistir en pensar desde el amanecer, pero lo hizo con una consistencia y una fuerza extraordinaria. La batalla está ahí todo el tiempo, en el pensamiento anticapitalista pero también en la mente de uno: invade todo el tiempo el pensar desde la muerte, desde la noche. Es una batalla muy real. Sobre todo en este momento, sería imposible no sentir la fuerza de la noche. Incluso en el caso de los zapatistas, sin duda la fuerza más articulada de la esperanza en el mundo actual, se siente la fuerza del choque entre noche y amanecer. En su maravillosa Sexta Parte de octubre 2019 que anunciaba su viaje a Europa, empiezan con un análisis detallado del catástrofe mundial actual, para seguir:
Sexto.- Y esto hemos decidido:
Que es tiempo de nuevo para que bailen los corazones, y que no sean ni su música ni sus pasos, los del lamento y la resignación.
En otras palabras, el amanecer le gana a la noche, el baile le gana al lamento. Puro amanecer o puro baile no tendría sentido, si no reconocemos la noche en la que vivimos, el lamento que nos rodea, pero hablar solamente de la noche y dedicarnos al lamento reproduce, sin querer, la noche que estamos lamentando. Ver la noche es fácil, lo difícil es bailar, pensar desde el amanecer.
Amanecer y noche: el mismo conflicto se puede ver en las interpretaciones de El Capital de Marx. La tensión está presente ya en el primer párrafo:
La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un “enorme cúmulo de mercancías”, y la mercancía individual como la forma elemental de la riqueza. Nuestra investigación, por consiguiente, se inicia con el análisis de la mercancía.
Riqueza es amanecer, al menos si la entendemos en el sentido de lo que dice Marx en los Grundrisse, como “movimiento absoluto del devenir” humano. (Marx, Grundrisse 2001, vol. 1: 447-448) Mercancía es noche. Después de iniciar con el amanecer (riqueza), Marx se contradice de inmediato diciendo que su investigación se inicia con la noche (mercancía). Casi todas las interpretaciones de El Capital siguen al Marx de la segunda oración, entendiendo la gran obra como un análisis de la dominación capitalista. Pero si seguimos al Marx de las primeras palabras, vemos que en realidad su obra es un análisis de la fuerza de la riqueza, de su capacidad de subvertir la mercancía. Marx estaba escribiendo en el contexto del auge de la lucha de la clase obrera y estaba diciendo a sus compañerxs que, a pesar de todas las apariencias, la fuerza de la riqueza es la crisis permanente del capital. Es decir que el amanecer le iba a ganar a la noche, un amanecer que tenía sus raíces en la riqueza de ellxs y sus luchas.
El mismo contraste está presente en nuestras propias discusiones, es decir en y alrededor de nuestra revista magnífica, Crítica Anticapitalista. Estoy pensando sobre todo en la crítica que Sergio Tischler hace a la lectura aislada de la tesis IX de Walter Benjamin. La tesis es muy conocida:
Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas tendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve las espaldas, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Este huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Es una imagen muy fuerte que ha tenido mucha influencia en los últimos años. Pero es una imagen de la noche. Es la noche del progreso, y la imagen es muy importante porque implica una crítica radical al progresismo y al marxismo ortodoxo. Pero le falta el amanecer. Si no se lee como parte de la constelación de tesis, lo que pasa muchas veces, se vuelve simplemente una imagen de dominación. La crítica que hace Sergio (en Astillas de Tiempo Rebelde y en otros textos) a esa lectura es precisamente eso: vivimos en medio de una catástrofe única, que arroja a nuestros pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar, pero el desafío importante y terrible no es hablar de la ruinas sino encontrar la flor en las ruinas. Ver las ruinas es fácil, el desafío científico es ver la flor que crece en las ruinas y entender su fuerza. La flor crece en las ruinas, el amanecer le gana a la noche.
Lucha de clases. Pensar solamente en las ruinas, o la noche, o la mercancía, o la guerra contra la humanidad, sin pensar en la flor, el amanecer, la riqueza, el baile de la resistencia, es olvidarnos de la lucha de clases, es encerrarnos en el lamento y la resignación. La lucha de clases se expresa de muchas maneras: es la flor contra las ruinas, el amanecer contra la noche, la riqueza contra su perversión mercantil, el bailar contra la catástrofe capitalista. Es nosotrxs, la primera persona plural, contra nuestra objetificación como tercera persona. Es nuestro juntarnos autónomo contra la dictadura heterónomo, es decir la comuna contra el Estado.
El amanecer le gana a la noche. Pero seguimos viviendo en la noche, una noche cada vez más oscura. El amanecer le gana a la noche. No es una ceguera optimista. Al contrario, el perderse en la noche es la ceguera, el insistir en el amanecer es abrir los ojos al hecho de que “la desgracia de heredar un planeta en ruinas se mezcla con una felicidad incomparable: la de asistir a la lenta emergencia de una sociedad tal que la historia jamás ha conocido”. No como certidumbre, sino como dirección, como dinámica, como potencial, como compromiso, como lucha. Ahí está el desafío político y científico: ¿cómo aportar a la comprensión y a la fuerza de esta “lenta emergencia de una sociedad tal que la historia jamás ha conocido”?
No conocí personalmente a Raoul, desafortunadamente, aunque sí tuve el honor enorme de intercambiar correos con él y de estar invitado a escribir un posfacio para la edición en inglés de su Carta a mis hijos y a los hijos del mundo que viene y un prefacio para la colección de sus artículos que editó Comunizar, Abrir lo imposible. El revoloteo de las insurgencias de la vida cotidiana (Abrir lo imposible – Vaneigem). Aquí simplemente le quiero decir gracias, gracias, gracias por todo lo que hizo para fortalecer el amanecer contra la noche.