Wendi Elizabeth Carrillo Isiordia
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Las luchas y resistencias de los pueblos indígenas en México nacen del hartazgo y del dolor compartido. Nacen de un corazón dañado y de una colectividad fragmentada. La tarea es, pues, que ese corazón pueda recuperarse y que siga surgiendo la esperanza.
Las prácticas políticas y sociales de los pueblos indígenas se construyen a partir de múltiples procesos organizativos en los que se gestiona la comuna y la vida en general. Lo comunitario indígena, muchas veces se asocia a prácticas folclóricas, donde no se reconocen las pequeñas resistencias que estas implican. Dichas prácticas no solo están imbricadas en la resistencia ante el despojo de sus formas de vida y su organización política para la producción y reproducción de la vida, sino que también implica mantenerse al margen del estado y de la velocidad impuesta por la urbanización.
La propuesta consiste en salir de categorías identitarias positivizadas y dañadas, que fungen como acumulación de espectáculos dentro del capital, y analizar las prácticas políticas de los pueblos indígenas, especialmente el EZLN.
Es muy complicado pensar pueblos, luchas o comunas completamente fuera del cercamiento del estado, debido a la necesidad del capital en su forma estado de controlarlo todo. Hasta qué punto están separados realmente de las lógicas hegemónicas, verticales y jerárquicas del capital, con su organización social y política; porque seguimos viendo políticas públicas disfrazadas de narrativas de progreso para las comunidades. La precarización, la pobreza, la violencia hace que de alguna manera permanezcan atados a las lógicas del capital, pese a todos sus esfuerzos, no anclados, sino atados a las lógicas del capital, porque la raíz y la convicción de estas luchas tratar de estar como prioridad para las personas.
La comuna como movimiento y territorio compartido, la comuna es un proceso abierto, sin procesos perfectos, sino reales y llenos de contradicciones, por lo tanto, pueden caer en lógicas positivas. La violencia me parece que es un factor determinante para que las comunas se cierren, no creen en el estado, en las instituciones y muchas veces ni en la sociedad. Se les daña tanto de todas las formas posibles que son procesos que por seguridad muchas veces tienden a cerrarse.
Las definiciones identitarias encierran en categorías ciertos roles, mientras que un enfoque anti identitario implica entender la base como antagonismo social. Implica que la consciencia de clase obrera, no viene a partir de que otros la forman, sino desde la organización desde abajo.
Pensar en verdaderas asambleas de mujeres, implica pensar en que esta no se hará sin la liberación de las mujeres desde el hogar. Sin embargo, es complejo pensar en asambleas sin sujetos dañados, para eso pensamos en asambleas con mujeres dañadas con una doble explotación, porque hombres y mujeres tienen las cadenas del capitalismo, pero las mujeres están sometidas a unas cadenas extras, las del patriarcado; solo por ser mujeres y eso las llevara siempre a un proceso de lucha constante.
La experiencia de las mujeres indígenas en México sigue siendo una lucha que avanza muy despacio, que no solo porque la liberación de las mujeres se va dar con la transformación de la estructura económica, sino con una transformación del género. En México se va dar con una transformación de los cuidados, del trabajo doméstico, donde sea interseccional, que incluya a las mujeres indígenas, pobres y precarizadas. Desdibujar la categoría identitaria de una mujer indígena porque la transformación social para las mujeres debe contener mucho más.
