Franco J. Quiroga

Durante el seminario de los jueves de Subjetividades y Teoría Crítica del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” estuvimos leyendo un tiempo uno de los textos de Mark Fisher, Deseo postcapitalista. Las últimas clases (2024). En una de sus clases Fisher hace una distinción, basada en Alex Williams y Nick Srnicek, entre dos tipos de izquierda: una que aspira hacia una política folk localista, de acción directa y de un horizontalismo intransigente; y otra aceleracionista, que supone el aprovechamiento del desarrollo de las fuerzas productivas para aspirar hacia la emancipación social. Esta distinción me llevó a reflexionar en el Seminario de “Comuna contra estado” sobre ambos momentos, los cuales entiendo como comunismo y comuna.

Si partimos de la premisa de Marx (2014[1846]) desarrollada en La ideología alemana comprendemos que “para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Las condiciones de este movimiento se desprenden de la premisa actualmente existente” (p. 29) 1. Si bien Marx nos da cuenta de una visión de comunismo como movimiento negador o fuerza negativa frente al estado de cosas actual, esa precondición nos conduce a preguntarnos si la visión de comunismo se encuentra entrampada en una visión teleológica del progreso.

Esta visión del comunismo posibilitada por el desarrollo de las fuerzas productivas, al menos en su visión lineal, fue ampliamente criticada por la Escuela de Frankfurt y, particularmente, por Walter Benjamin y su interpretación del Angelus Novus. Pensadores de otras corrientes no necesariamente marxistas también fueron críticos de la visión lineal sobre el avance de la tecnología y su garantía de progreso, como Günther Anders y su concepto de obsolescencia del hombre.

Desde una visión lineal en los años 80 ’s, pero con más fuerza en los 90 ‘s, la posmodernidad festejaba con “bombos y platillos” el avance en la tecnología, en las telecomunicaciones en particular, como contexto que favorecería a la construcción de una sociedad más “libre”; como plantea por ejemplo Jeremy Rifkin que gracias al avance tecnológico llegaríamos al fin del trabajo. ¿Hasta dónde el aceleracionismo no se toca tangencialmente con la visión posmoderna de la tecnología? Muchas veces estas visiones pro-tecnología tienen facilidad para caer en un tecnoromanticismo que dista de considerar las “bondades” de, por ejemplo, Palantir Technologies.

Pero aún nos queda el otro lado, la izquierda “folk”. Esta mantiene una fuerte herencia con con el movimiento contracultural de los años 60 ‘s surgida en Estados Unidos. El diagnóstico de la época era que la ciudad cimentada sobre el avance de la técnica resultaba alienante, por lo tanto una forma de escapar era construir comunas rurales alejadas de la ciudad, como una especie de escape voluntario. Para esta visión ya no se trataría de la búsqueda de una revolución universal, sino de construir nichos alejados de la ciudad y reivindicando, por ejemplo, las visiones del mundo indígenas como expresión de la verdadera relación entre ser humano y naturaleza frente a la corrompida civilización. Una de las críticas habituales a esta visión de la izquierda es que tiende a esencializar a los indígenas como los guardianes de alguna esencia perdida de la cual se debería recuperar.

Si seguimos la corriente de estas dos distinciones nos encontramos en que una prioriza la revolución universal, atendiendo al desarrollo de las fuerzas productivas; frente a la otra, que “abandona” la revolución mundial en pos de construir comunas, no necesariamente grandes, para fomentar otras formas de vida no alienantes. En esta línea tendríamos una izquierda que piensa en términos globales y mayoritarios, y otra izquierda que piensa en términos localistas y minoritario.

¿Pero hasta qué punto esta distinción es real? ¿La forma de luchas y emancipación se agota en esta distinción? Muchas veces se cree que quienes construyen comunidades fuera de la ciudad en los ámbitos rurales no se relacionan con la tecnología. Al contrario, ¿acaso no nos enteramos de las novedades de los zapatistas en Enlace Zapatista a través de internet? Desde ya el debate es enorme y no se puede abordar en estas líneas, pero el uso de la tecnología al favor de las luchas emancipatorias es muy importante. No se puede agotar la identificación con la tecnología como si fuera un instrumento meramente del capital. En los 60 ‘s parte del movimiento hippie consideraba que la utilización de la tecnología era sinónimo de “herramienta de la Guerra Fría”. Existen muchos más grises en esos términos, como el movimiento New Edge que entrelazaba la espiritualidad enfocada en la trascendencia del yo del movimiento New Age y los avances tecnológicos de Silicon Valley relacionados a la computación. Por ejemplo, en la actualidad existe el movimiento que facilita el acceso al Libre Office, enmarcado en el Libre Software como una forma de disputarle a los códigos privativos de Microsoft el acceso a sistemas operativos más libres. Y esto solo por mencionar algunos ejemplos.

La pregunta que moviliza este pequeño escrito es cómo interconectar y poner en diálogo lo que podría llamarse comunismo y comuna. Asumo que es necesario generar debates sobre estas dos posturas de la izquierda. Si en algo ha resquebrajado la herencia de la posmodernidad es en la fragmentación de las luchas y su negación de la totalidad social. Una lucha que asume la apariencia real fragmentaria del capital es una condena para mantener desconectada la rabia y el malestar que la mayoría acarreamos de este capitalismo que siempre está al “pie del cañón” para explotarnos física y mentalmente. Una muestra puede ser La Sexta Declaración de la Selva Lacandona del EZLN sobre cómo las luchas buscan interconectarse de forma local e internacional. Una declaración que apela al apoyo mutuo entre quienes luchan y sufren contra la hidra capitalista:

“Pues en el mundo lo que queremos es decirle a todos los que resisten y luchan con sus modos y en sus países, que no están solos, que nosotros los zapatistas, aunque somos muy pequeños, los apoyamos y vamos a ver el modo de ayudarlos en sus luchas y de hablar con ustedes para aprender, porque de por sí lo que hemos aprendido es a aprender”. 2

1 “Este desarrollo de las fuerzas productivas (que entraña ya, al mismo tiempo, una existencia empírica dada en un plano histórico-universal, y no en la vida puramente local de los hombres) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella solo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la miseria anterior” (Marx, 2014[1846], pp. 28-29)

2 Disponible en: https://enlacezapatista.ezln.org.mx/sdsl-es/

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