Notas sobre la Coronacrisis

Luis M.  Bardamu

 

Estas notas fueron escritas para el Curso La Tormenta III, del Seminario de Posgrado de Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, Puebla, México, 2020

 

Los zapatistas preguntaban (2015): “lo que miramos y escuchamos es que viene una catástrofe en todos los sentidos, una Tormenta”, y “¿qué ven ustedes?

Veíamos (en el seminario La Tormenta de 2016):

a) La Tormenta como crisis del capital. b) Crisis como debilidad constitutiva del capital/ como ruptura. c) Que se manifiesta en la incapacidad del capital de dominarnos suficientemente. d) Por lo mismo, nosotra/os somos la crisis del capital. e) Que se manifiesta como expansión crónica de la deuda. (Durante años el capital ha ocultado/fingido su incapacidad “a través de la expansión del crédito, pero esa ficción ya no se puede mantener”). f) La expansión del crédito expresa la fragilidad del capital. g) La fragilidad del capitalismo se manifiesta en la forma de su negación (más disciplinamiento, control, represión y violencia estatal, destrucción de la naturaleza, destrucción de la vida, etcétera), es decir, en la Tormenta/catástrofe. h) Tormenta/catástrofe que es a) o sea, expresión de la crisis del capital, y entonces también b) y c) y d) y todo lo que sigue… (Una película de terror). i) Nuestra pregunta/desafío/posibilidad, en 2016: ¿Cómo salir de la vorágine de muerte del capitalismo? ¿Cómo pensar la esperanza dentro de la catástrofe/Tormenta? (Una película de suspenso)

2020: La Tormenta/catástrofe ya está aquí

Ya se puso “más cabrón”.  ¿Y ahora qué? (Panos / John). ¿Y ahora qué vemos? ¿Cómo podemos intervenir? ¿Aún continúa saliendo agua del grifo? ¿Estamos viviendo el fracaso del sistema capitalista? La Tormenta/catástrofe que ya está sobre nosotros ¿es el fracaso sistema capitalista como forma de asegurar la reproducción de la vida social?

 

Versiones posibles sobre “Fracaso del sistema capitalista” 

a) No hay tal fracaso, sólo una crisis de reestructuración, de las que cíclicamente tiene el capitalismo. Los ciclos de Kondratieff. El capitalismo como un sistema de autorenovación cíclico. Ahora estamos en el invierno (recesión, depresión, colapso, reajuste). Estamos fuera y no tenemos mucho que hacer, salvo, tal vez, esperar la primavera y nuestra oportunidad para agitar consignas clásicas de la izquierda, construir el partido y aguardar las próximas elecciones.

b) Hay fracaso, pero no del capitalismo, sino sólo de una forma de capitalismo, la forma neoliberal, que es lo que está en crisis. No es el capitalismo el que ha fracasado sino su versión neoliberal. Se trata de hacer un nuevo contrato social capitalista redistributivo (Financial Times): “Cambiar la distribución del ingreso para crear una demanda más sostenible y una inversión más fuerte, sin elevar la deuda de los hogares” (Martin Wolf / Eccles /1933). También desasirnos del Estado patriarcal-neoliberal (capitalista) que nos abandonó, abrazarnos a un Estado maternal-distributivo (capitalista) que nos cuidará (Rita Segato).

c) El “motor del capitalismo se ha detenido” (pero esto es sólo temporal) y vamos hacia un “estado de supervigilancia (…)  en el cual se nos está pidiendo que lo abandonemos todo —nuestra privacidad y dignidad, nuestra independencia- y permitamos que nos controlen y microgestionen» (Arundhati Roy/Declaración en la página de la Internacionala Progresista). Frente a eso: convocar a activistas, pensadores y profesionales para diseñar y desarrollar políticas para transformar las instituciones bajo principios de “un orden internacional progresista” que incluye a Chomsky, Rafael Correa, A. García Linera, Fernando Haddad, Naomi Klein, Yanis Varoufakis, Alicia Castro y otras funcionarias del gobierno argentino, entre muchos otros convocantes (ver: “Blueprint” de la Internacional Progresista)

d) Hay fracaso del capitalismo como forma de asegurar la reproducción de la vida social, pero “también hay un fracaso de la rebeldía contra el capitalismo”, puesto que no hemos sido capaces/no hemos podido generar y sostener en el tiempo una alternativa al capitalismo que asegure la reproducción de la vida social de manera no capitalista. “Agrietamos al capitalismo” (¿tal vez lo agrietamos tanto que provocamos su fracaso?), pero no lo agrietamos lo suficiente como para generar una alternativa, un mundo otro no capitalista para salir de él, y ahora nos arrastra en su hundimiento en el pantano de la barbarie (autoritarismo/ militarismo / mayor control / teletrabajo / autovigilancia). Tal vez no éramos víctimas antes, pero fracasamos y ahora lo somos.

e) Sobrevivir a la Tormenta. Más que hablar del fracaso del capitalismo, lo que hay que hacer es construir espacios territoriales autónomos en resonancia con las prácticas de los pueblos (originarios). “Vivimos en un momento que podemos llamar crisis civilizatoria. La civilización occidental capitalista, colonial, patriarcal, está en crisis. (…) La civilización nuestra está tan destrozada que ya no tiene recursos para resolver las múltiples crisis que vivimos. Los y las zapatistas sostienen que se acerca un colapso. Ese colapso yo lo traduzco como el diluvio universal de la Biblia, que está en todas las religiones. Entonces ¿Cómo nos preparamos para el diluvio? Ahí es donde viene el lenguaje de las Arcas de Noé. (…) Un arca de Noé es aquel lugar espacio tiempo donde creamos las condiciones para sobrevivir en el colapso, en el diluvio. Y eso implica una cierta autonomía como personas, como colectivos. Autonomía alimentaria, de agua, autonomía de muchas formas”. (Raúl Zibechi). Al menos, dos cuestiones se presentan aquí: 1) Se parte de la externalidad de la lucha y de la autonomía en relación al capitalismo; b) ¿Cómo se definen los límites/capacidad del “arca”, quienes lo hacen? ¿Cuál es la dimensión identitaria del “nosotros” y que sucede con las demás personas, “los otros”? ¿Es posible construir islas autónomas no capitalista en medio del océano tempestuoso capitalista? En estos días, a causa de la pandemia, algunos pueblos originarios han clausurado sus puertas y fronteras, y se han encerrado en un aislamiento comunal protector, lo que es lógico desde el punto de vista del cuidado de la vida frente a la debilidad estructural y material que tienen los pueblos para enfrentar al virus. ¿Era/es posible otro tipo de respuesta que no apele al cierre, la clausura, la separación, la identidad, el territorio?

f) El fracaso del capitalismo es el intento más brutal para imponer el trabajo abstracto (que está en crisis por nuestra resistencia que no le permite subsumir todo el hacer humano creativo bajo el trabajo abstracto). La opción desde la que preferimos pensar. Y desde aquí:

g) Si nosotros hacemos el capitalismo, el fracaso del capitalismo es expresión de nuestro “fracaso” para hacer el capitalismo.  (“Fracasar más, fracasar mejor”, Beckett)

h) El fracaso del capitalismo se expresa como Tormenta/catástrofe/ tal vez ¿barbarie?, que es la forma pervertida/negada de la fragilidad del capitalismo? ¿Es también la manifestación en forma pervertida (la expresión en la forma de su negación) de nuestra fuerza (“la crisis somos nosotros”)?

i) ¿El fracaso del capitalismo es la expresión del fracaso del trabajo abstracto? Si es así, ¿es también el fracaso de la forma negada/pervertida de nuestro hacer?

j) ¿El fracaso del capitalismo es la negación de la negación de nuestro hacer/trabajo concreto? (“Non de non”, de Edith Piaf / Georges Steiner). Se expresa como la exacerbación del antagonismo entre hacer y trabajo abstracto, bajo la forma de antagonismo entre esperanza y barbarie. (Nota a posteriori: como antagonismo, no como “esperanza o barbarie” -al viejo estilo de “socialismo o barbarie”- que implicaría una relación de externalidad. Tampoco como consigna).

 

¿Consecuencias para pensar desde “fracaso del sistema capitalista” como el auge del antagonismo entre hacer y el trabajo abstracto, como “crisis de la abstracción del hacer”, que se expresa, en este momento como “fracaso capitalista”, como antagonismo entre esperanza y barbarie? 

a) Se manifiesta como barbarie, el intento más brutal del capital para imponer el trabajo abstracto. Considerar la barbarie no son como bombas cayendo del cielo o campos de trabajo forzado. Barbarie, aquí y ahora, como el disciplinamiento por medio de las cámaras de control, la tecnología 5G, la condena por indiferencia al hambre, la miseria, la enfermedad y la muerte de cientos de millones de personas. La barbarie del fracaso del capitalismo: un horrendo manto de oscuridad y dolor que se despliega sobre el mundo. Esta es una perspectiva sobre la que se ha escrito bastante últimamente. Se centra en cómo nos daña y nos seguirá dañando el capitalismo y piensa las intervenciones sociales y políticas a partir de allí. Somos víctimas del capitalismo (sea por su fracaso, sea por sus tendencias autoritarias, neofascistas). La película de terror.

b) Estamos viviendo el fracaso del capitalismo quiere decir, centralmente, que estamos viviendo un momento de agudización extrema del antagonismo entre el hacer humano creativo y el trabajo abstracto. Es el intento brutal y, al mismo tiempo desesperado, del trabajo abstracto para intentar subsumir el hacer creativo humano a él y, al mismo tiempo, la negativa del hacer a dejarse subsumir completamente por el trabajo abstracto. Esto quiere decir que “estamos viviendo el fracaso del sistema capitalista” nos plantea de manera inmediata, urgente y necesaria la posibilidad de pensar cómo salir de esa barbarie y, por lo tanto, del capitalismo.

c) Si el corazón del capitalismo es el trabajo abstracto, y el fracaso del capitalismo es la expresión del fracaso del trabajo abstracto (de la fragilidad del capitalismo y la fuerza de nuestro hacer) entonces no hay un único futuro posible (una nueva normalidad capitalista más autoritaria, indigna y mortal, neopopulista, neofascista, etcétera) Estamos viviendo el fracaso del capitalismo quiere decir también que la posibilidad de esperanza de un mundo no capitalista es también posible. Y, en realidad, el fracaso del capitalismo y la crisis del trabajo abstracto hacen que esto sea más urgente que antes ¿También es más posible que antes?

d) La salida del capitalismo hacia un mundo otro no capitalista no aparece como evidente en este momento. O no aparece tan evidente como sí lo hace la posibilidad de una nueva normalidad capitalista con mayor disciplinamiento, explotación y terror. Lo evidente no es la verdad sino la forma de su negación. Por tanto: ¿escarbar por debajo/encima de la evidencia. Levantar del suelo las piedritas de lo evidente y hurgar lo que queda en la huella, lo que se mueve sobre el suelo, en ese espacio que antes estaba cubierto por la piedra (Benjamin/Baudelaire)? (ver artículo de Stavros Stavrides).

e) La centralidad del punto de partida del pensar como pregunta: 1) ¿cómo nos daña el capitalismo? O, en cambio, partir de la pregunta antagónica: 2) ¿cómo nosotros, que “somos quienes lo hacemos”, dañamos al capitalismo? Nosotros somos su crisis. ¿Aunque no lo veamos, o nos cueste verlo, el sol está allí, y el sol, por supuesto, somos nosotros, como decía Marx, el movimiento absoluto del devenir?

 

Sobre “La crisis somos nosotros”

Decir que estamos viviendo el fracaso del capitalismo cuestiona también “la crisis somos nosotros” en tanto idea fuerza para pensar. Abrir esta idea/concepto/categoría que es “la crisis somos nosotros” (consecuencia de la situación antagónica constitutiva del sistema capitalista, entre la pretensión del capital de subsumir todo nuestro hacer en trabajo abstracto y las diferentes manifestaciones y formas de nuestras luchas para que no lo logre, su incapacidad para dominarnos suficientemente).

a) “La crisis somos nosotros” ha estado y está presente desde la formación misma del capitalismo, en los momentos de mayor rebeldía, en las épocas de relativa calma social y también en los momentos más duros, en las épocas de mayor agresión del capital, y también en la barbarie.

b) La “crisis somos nosotros” no se manifiesta/transita de la misma manera en la Comuna de París o en el mayo francés de 1968 que en la Alemania nazi o bajo el gobierno de Stalin, o en los períodos de las dictaduras latinoamericanas, pero no por eso deja de estar presente o latente y de expresarse.

c) Entonces, hay momentos en la historia de la lucha de clases en el capitalismo en que nos es relativamente fácil encontrar en la realidad las expresiones de “la crisis somos nosotros”. Y otros en los que necesitamos esforzarnos un poco más. No son evidentes, o no son tan evidentes, no son “puras”, son contradictorias y autocontradictorias.

d) ¿Qué significa aquí y ahora y cuáles son las consecuencias de “la crisis somos nosotros”, cuando estamos viviendo el fracaso del sistema capitalista como forma de asegurar la reproducción social? O, siguiendo un razonamiento anterior: ¿Cómo entender “la crisis somos nosotros” cuando el antagonismo entre el hacer y el trabajo abstracto se expresa como el antagonismo entre esperanza y barbarie?

 

Sobre lo ordinario y lo extraordinario (¿y lo ordinario-extraordinario?)

a) La cuestión de los “momentos”, en relación a la búsqueda/creación de la salida del capitalismo hacia un mundo otro no capitalista. En el curso de la Tormenta de 2015: diferenciación entre lo ordinario y lo extraordinario. Las luchas que suceden dentro de lo ordinario como aquellas que manifiestan “la crisis somos nosotros”, aumentan la crisis del capital, pero que no van más allá en la construcción de un mundo no capitalista (es decir la mayoría de las luchas). Aquellas luchas llamadas “lo extraordinario”, son las que rompen tiempo homogéneo del capital, las luchas o prácticas que van más allá de él (como los zapatistas o los kurdos, por ejemplo, pero no sólo: también los espacios y las prácticas que “dejan de hacer el capitalismo” y hacen otra cosa, “aunque no lo sepan” como decía Marx).

b) No se consideraba a lo extraordinario como algo independiente o separado de lo ordinario, sino que la posibilidad de lo extraordinario surgía a partir de las luchas por lo ordinario. (Sujeto de crisis / Sujeto revolucionario)

c) Normalidad y Privilegio. Cuando lo “normal” se convierte en privilegio, por la agresión del capital (su necesidad de explotarnos más y su fragilidad por la expansión crónica de la deuda) nuestra lucha por sostener lo que venía siendo normal y que ahora es convertido en privilegio, se sale de los límites establecidos, aumenta la crisis del capital, somos más “sujeto de la crisis”. (El ejemplo de Aquila, la señora de la casa hipotecada en USA. O el ejemplo de los jóvenes estudiantes chilenos: el aumento del pasaje en el subterráneo convierte lo normal en privilegio, entonces “evade”). “La lucha por la normalidad es un sujeto mayor que explica, que detona la crisis del capital. Esto no quiere decir que es un sujeto revolucionario, pero sí quiere decir que no podemos empezar despreciando a ese sujeto” (Holloway, La Tormenta, 2016)

d) La pregunta de La Tormenta 21 (que quedó pendiente en 2016): ¿cómo podemos hacer un “plan de emergencia”? o, en otras palabras, ¿cómo podemos llevar adelante una política de lo extraordinario, una política de la esperanza? Porque “la crisis somos nosotros” es la crisis del capital, pero, decimos, “no es suficiente” para salir del capitalismo.

e) “No es suficiente” nos obliga a seguir profundizando “la crisis somos nosotros”. Llevado al extremo (y ahora estamos en el “extremo” antagónico entre hacer-trabajo abstracto / esperanza-barbarie): ¿cuándo sería suficiente en tanto la barbarie ya está aquí y parece consolidarse? Nunca será suficiente (en tanto exista el capitalismo). Y ahora “estamos viviendo el fracaso del capitalismo”, es decir, el antagonismo extremo entre barbarie y esperanza.

f) El desafío de desanudar (o anudar de otra manera) aquella cuestión de lo ordinario y lo extraordinario, la diferenciación entre las luchas que incrementan la crisis del capital pero que no son suficientes para salir de él, y lo extraordinario, la manifestación de espacios, momentos, prácticas y haceres no capitalistas, o que no hacen el capitalismo.

g) ¿Pensar esa articulación entre lo ordinario y lo extraordinario en otros términos? No como “dos momentos” (aunque no los consideremos separados, en los hechos tendemos a pensarlos como separados, como diferentes y, tendemos a resaltar las luchas de lo extraordinario, a ubicarlas, de cierto modo, en un escalón más alto que las luchas ordinarias).

h) El “fracaso del capitalismo” como expresión del antagonismo entre la barbarie/esperanza ¿cuestiona eso? Por un lado, porque “la crisis somos nosotros” pone de verdad en un desafío de vida o muerte al capitalismo (y posiblemente también a nosotros mismos): más “la crisis somos nosotros”, significa mayor fragilidad del capital, mayor crisis crónica de deuda, mayor crisis del trabajo abstracto, más barbarie. Por otro lado, porque es posible que el desafío no sea en realidad sólo de “vida o muerte” inmediata o a mediano plazo o, sobre todo, evidente, y no aparezca como confrontación abierta, sin mediaciones, entre el capitalismo y lo extraordinario.

i) ¿Es posible pensar en la revolución, la salida del capitalismo, no como algo evidentemente extraordinario, como algo que podamos fechar, ubicar geográficamente, citar, referir, señalar, sino como algo ordinario-extraordinario, mucho más difuso, menos evidente o para nada evidente, donde lo extraordinario se encuentra, la mayoría de las veces, o casi siempre, solapado por lo ordinario y/o superpuesto/entremezclado/entramado con lo ordinario?

j) ¿Pensar lo ordinario-extraordinario no como un momento (o dos, unidos pero separados), sino como múltiples erosiones, infinitas búsquedas/prácticas a partir de “la crisis somos nosotros”, que no necesariamente tienen o tendrán destino extraordinario: muchas se diluirán o se perderán en el trayecto -como aquellos arroyuelos de los que escribió Elisée Reclus y no van a ninguna parte-, otras serán desviadas, otras, muchas, desembocarán en alguna variante que no trascienda lo capitalista, otras aparecerán de modo confuso, autoantagónicas, reproduciendo y a la vez no reproduciendo el trabajo abstracto, o reproduciéndolo y cuestionándolo/erosionándolo al mismo tiempo?

k) En tanto estamos viviendo “el fracaso del capitalismo”, ¿esta erosión-reproducción del trabajo abstracto en lo ordinario-extraordinario, puede dar lugar, la mayoría de las veces sin que sea evidente o totalmente evidente, a un mundo otro, que podemos intuir pero que, por lo general, no percibimos (salvo como sombras difusas sobre/a través de un vidrio esmerilado)?

l) Estar muy atento a la multiplicidad de variedades y formas y complejidad de “la crisis somos nosotros” y a sus manifestaciones, contradicciones y autoantagonismos. (Por ejemplo: el ingreso básico universal, los movimientos de ayuda mutua y, sobre todo, las desobediencias, especialmente aquellas que no son visibles y transitadas en las calles o las plazas).

 

Abrir toda complejidad que contiene “la crisis somos nosotros” 

a) Decimos: “nosotros hacemos el capitalismo y que de lo que se trata es dejar de hacerlo”. La aparición de una pandemia y las decisiones políticas sanitarias de muchos gobiernos capitalistas, resultó que nos hemos visto obligados a quedarnos en casa un mes, dos meses, y tal vez más, y durante todo este tiempo muchos de nosotros (no todos, obviamente, pero si algunos de nosotros), simplemente hemos “dejado de hacer el capitalismo”. Al mismo tiempo, para muchos otros lo que hubo fue una intensificación del trabajo abstracto, en la forma de teletrabajo o servicios, etcétera.

b) Los que hemos dejado de hacerlo, lo hemos dejado de hacer no por una decisión consciente revolucionaria, o porque nos lo hayamos propuesto antes, o por alguna manifestación de “lo extraordinario”. Lo hemos dejado de hacer como parte de un entramado muy complejo de “la crisis somos nosotros”, de lo ordinario (o lo ordinario-extraordinario) que llevó a los gobiernos a enclaustrarnos y cercenar la circulación de personas y el flujo de mercancías a un nivel nunca antes pensado. Entonces, muchos de nosotros hemos dejado de hacer el capitalismo sin darnos cuenta, sin que constituya nada “extraordinario”.

c) ¿Si pensamos en el “fracaso del capitalismo” y del antagonismo constitutivo del capital expresado como el antagonismo entre esperanza y barbarie, y, si en lugar quedarnos apresados por el polo evidente de la barbarie, partimos desde el lugar/posibilidad de la esperanza, más ordinaria (u ordinaria-extraordinaria) que extraordinaria, podemos darnos cuenta de qué fácil resulta dejar de hacer el capitalismo? Aquí regresa el ubicuo “no es suficiente”, puesto que para salir del capitalismo no basta con dejar de hacerlo, también es necesario hacer otra cosa, no capitalista. La crisis somos nosotros y dejar de hacer el capitalismo “no es suficiente”. Pero entonces, la cuestión por lo ordinario-extraordinario. O simplemente la pregunta: ¿Qué es lo que estuvimos haciendo en estos meses de confinamiento obligatorio en tanto (algunos de nosotros) no estábamos haciendo el capitalismo?

d) Sobre el Ingreso Básico Universal (uno, entre muchos otros ejemplos que pueden pensarse, se toma este porque se publicó un artículo de R. Gunn-Wilding  y se ha conversado en el espacio). La pregunta de los autores “¿El IBU es algo que se debería apoyar?” (La lucha por el IBU, es una lucha “ordinaria”). Y otra pregunta: ¿Puede el IBU ayudar en la construcción de un mundo no-capitalista? (La pregunta en el texto no es exactamente así, y la diferencia entre “construcción” y “transición” es importante). La respuesta de Gunn-Wilding: “por una parte, por la otra”, apunta a considerar la complejidad (aunque no lo expresen de ese modo) de “la crisis somos nosotros”, en este momento de “fracaso del capitalismo”. El IBU, como arma de doble filo. No aceptarlo de manera acrítica y no rechazarlo sin hacer la crítica y abrir toda la complejidad, particularidad, tiempo, espacio, lucha. Por un lado, nuestras críticas: no reemplaza/elimina el trabajo asalariado, oculta la explotación capitalista, aumenta nuestra dependencia en relación con el Estado, sostiene la continuidad del capitalismo, es una narrativa de las políticas progresistas/populistas capitalistas. Por otro, el otro lado del filo: hasta cierto punto puede liberar a las personas del tiempo de trabajo (y con esto puede llegar a poner en cuestión al trabajo asalariado), puede alentar una división más equitativa del trabajo en el hogar entre hombres y mujeres. También está la dificultad para los gobernantes de abolirlo una vez que ha sido implementado. Esto está planteado en el texto de Gunn-Wilding. Se puede agregar:

a) Esta dificultad para abolirlo, aumenta la fragilidad del capital, por cuanto el IBU incrementa la deuda y, por lo tanto, ¿aumenta la crisis del trabajo abstracto? b) La dependencia que implica de nuestra parte hacia el Estado es también, y al mismo tiempo, una dependencia del Estado hacia nosotros (dificultad de abolirlo y la cuestión de lo “normal” convertido en “privilegio”). En la Argentina el gobierno neoliberal de Macri planteó e impuso muchas reformas pero no desactivó las ayudas sociales como la Asignación Universal por Hijo. c) La lucha “ordinaria” por la implementación del IBU puede generar espacios para momentos de lo “ordinarios-extraordinarios”, aunque no de manera evidente, momentos/espacios/acciones donde lo ordinario y lo extraordinario se confunden de manera embrollada, imbrincada, enmarañada, o como revoltijo. d) El IBU, o alguna variante similar, puede convertirse en uno de los recursos de urgencia (en este momento de catástrofe/barbarie) para la supervivencia de millones de personas en algunas partes del mundo (pienso en la situación de la India que escribe A. Roy en su texto, con millones de desocupados/desplazados de las grandes ciudades que regresan a sus aldeas rurales por causa de la pandemia). Preferimos verlos comunizar la tierra, realizar trabajos colectivos, tener soberanía alimentaria, pero, por sobre todo, los preferimos vivos. e) El tiempo liberado de la carga del trabajo o la búsqueda de trabajo (en tanto el fracaso del capitalismo/Tormenta/catástrofe/¿barbarie? ha generado, en este momento de coronacrisis, un incremento enorme del desempleo) ¿puede aprovecharse para “dejar de hacer el capitalismo y hacer otra cosa” (creatividad, solidaridad, desarrollo de espacios autónomos, ayuda mutua, huertas, reuniones de estudio de teoría crítica, etcétera)?

Estas notas son un punteo de lo que venimos estudiando en el curso La Tormenta desde 2016, con el agregado de algunas preguntas un poco arriesgadas. En realidad, todo debería leerse entre signos de pregunta y como pregunta. Una más, como desafío: ¿El fracaso del capitalismo / antagonismo entre esperanza y barbarie / revoltijo entre lo ordinario y lo extraordinario, puede hacernos suponer que cuando una muchacha se sienta a leer un libro en un parque en medio de la Tormenta/catástrofe/¿barbarie?, ya no se trata (sólo) de una narrativa para azuzar la discusión con la izquierda de partidos (en el libro Agrietar el Capitalismo, 2011), sino de una desobediencia ordinaria y al mismo tiempo extraordinaria, que nos deja ver algo más que sombras a través del vidrio esmerilado (en 2020)?

Mayo de 2020

 

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